La enigmática Budapest

Estoy seguro que todos los que son Escobar y son colombianos, como yo, han vivido uno que otro momento incómodo en alguno de sus viajes. Claro está, que para los que sí tienen algún vínculo con Pablo Emilio, aquel tenebroso personaje que manchó la historia de Colombia, debe ser mucho más tormentoso.

Pero bueno, después de un tiempo uno se empieza a acostumbrar a que le hagan el doble de preguntas que a cualquier otro pasajero al llegar a un país; que le chequeen el pasaporte con mucha más inquisición; que le revisen una vez más la maleta o ¡hasta que le den la bienvenida como a un personaje muy importante como me pasó en Amsterdam! Yo sé que muchas de estas situaciones también las viven muchos de mis compatriotas, y todo a causa de la mala imagen y legado que dejó el mismo personaje en el país del sagrado corazón. Los Escobar las vivimos multiplicadas por dos.

Parlamento Húngaro con el río Danubio

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