Caminar en Paraty ¡es todo un reto!

Por Mariana Orozco Blanco

“No me imagino cómo será caminar por estas calles borracha” le dije a Colin una noche que salimos a cenar en Paraty, mientras intentábamos decidir cuál era la piedra más segura para poner nuestro pie. Las calles de este fantástico pueblo brasilero redefinieron por completo el concepto de “caminos empedrados”.

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Calles del centro histórico de Paraty

Caminar en el centro histórico de Paraty es una experiencia completamente diferente a caminar en el de Cartagena, Bogotá o Villa de Leyva porque las piedras no son de los tamaños, que podríamos llamar, normales, sino que son mucho más grandes, muy irregulares y muy lisas ¡son las piedras originales con las que fueron construidos los caminos hace más de 200 años!

A estos caminos se les conoce en portugués como “Pé-de-moleque” que significa pie de niños, por la semejanza que hay entre caminar por esos empredrados y un niño que intenta caminar. Curiosamente las barras de maní caramelizado, también se llaman así por el gran parecido.

En torno al empedrado de Paraty hay varias historias. Algunas dicen que las piedras fueron traídas en barco desde Portugal y que a la vuelta eran cargados con oro y café y, que luego, fueron utilizadas en la construcción de calles para evitar que las carretas se atascaran en el barro.  Otras dicen que fueron dispuestas de manera tan irregular, para que los esclavos no tuviesen oportunidad de escapar, teoría por la que me siento un poco inclinada… en verdad considero sería imposible escapar en semejante pista de obstáculos ¡es todo un reto!

De hecho, en mi primer intento de caminar en el centro, se me rompieron un par de Havainas que me habían acompañado durante 5 años, habían sobrevivido muchos caminos difíciles, a veces llenos de barro, a veces de agua, a veces de piedras, pero definitivamente no pudieron sobrevivir al “Pé-de-molque”. Yo las miré con un poco de nostalgia pero decidí que ya era hora de darles cristiana sepultura ¡jajaja!

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Calles de Paraty

Este mágico pueblo se encuentra justo a mitad de camino entre Sao Paulo y Río de Janeiro, en la Bahía de Ilha Grande. Para ir, pueden tomar un bus en cualquiera de estas dos ciudades. El pasaje cuesta 60 reales desde Sao Paulo, la compañía que ofrece el servicio se llama Reunidas Paulista y en la Rodoviaria de Tietê, la principal estación de autobuses en Sao Paulo, se encuentra hacia el lado donde están los puestos de las rutas que van al norte. Son 6 horas de trayecto, que en realidad deberían ser 5 sino fuera por las ¡2 paradas! que hacer el Señor Conductor para tomar café. Desde Río son aproximadamente 5 horas y el pasaje cuesta 65 reales con la compañía Costa Verde.

Llegué casi a la mitad de la noche a la estación de bus de Paraty. Afortunadamente el hostal en donde me iba a quedar, el Backpackers Paraty, estaba a 1 minuto de camino. Allí encontré un divertido grupo de mexicanos, franceses e irlandeses y conocí a uno de los personajes más interesantes que he visto en mi vida: la sueca, Heidi. No había terminado de dejar mi mochila en mi camarote cuando me invitaron a un bar a tomar ¡caipirinhas!

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¡Caipirinhas!

Heidi trasciende todos los estereotipos del europeo loco que quiere vivir en Suramérica. Dice que detesta vivir en Suecia y hasta pensó en fingir su muerte para no tener que regresar. Si, ¡así de loca está! Lo cierto es que le tocó volver, pero solo para deshacerse de su apartamento y de todo lo que la ataba a seguir viviendo allá y aunque no regresó a Brasil, sí se fue para otro de sus destinos soñados…Australia.

Pero bueno, esta no es una entrada sobre Heidi, aunque si la quieren conocer mejor, les recomiendo su blog: http://theadventuresofamodernhippie.blogspot.com en donde les aseguro que encontrarán unas cuantas historias ¡interesantísimas!

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Heidi

Con el descubrimiento de minas de oro en la región de Minas Gerais, hacia el final del siglo XV, se construyó el “Camino del Oro”, 1.200 kilómetros de carretera para transportar este preciado material desde las minas hacia la costa, el punto de salida era Paraty, pero también servía de punto de entrada de población esclava y provisiones. El uso de este puerto empezó a disminuir por frecuentes ataques de piratas, hasta que finalmente Paraty fue remplazado por Río de Janeiro como puerta de entrada y de salida.

Paraty cayó en el olvido hasta los años 70, cuando se inauguró la carretera que actualmente conecta a Río con la ciudad de Santos. A partir de esos años, el pintoresco pueblo empezó a convertirse en destino turístico y sede de festivales de literatura y de cine y con mucha razón. Su arquitectura y caminos empedrados han conservado su estilo por más de 300 años y la UNESCO la considera como el conjunto de arquitectura colonial más armónico.

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Plaza Matriz de Paraty

El centro histórico se puede recorrer en unas 2 horas, 3 o 4 si van tomando fotos cada 5 minutos y van realizando peripecias para evitar caídas dolorosas y vergonzosas. Lo ideal es ir alrededor de medio día que es cuando las tiendas y restaurantes abren. Yo empecé a caminar más o menos a las 10:00 a.m. y casi no había nada abierto a excepción de las Iglesias, de arquitectura colonial. Ya estando allí pueden escoger en donde comer, porque como imaginarán hay de todo y para todos los presupuestos.

Dos sitios que me atrevo a recomendarles son Gamboa, un pequeño restaurante de sándwiches, hamburguesas artesanales y jugos naturales y Thai Brasil, uno no tan pequeño, de comida oriental. El primero es menos costoso que el segundo, pero en ambos quedarán muy satisfechos. Si quieren algo más brasileño, hay muchos “lanchonetes” en donde podrán degustar platos típicos, con las deliciosas bananas fritas y por supuesto los “feijao”. Con los sitios que parecen ser demasiado baratos, les aconsejo que tengan cuidado, unas niñas que se quedaban en el hostal, se aventuraron a comer en uno de ellos y pasaron todo un día turnándose para ir al baño.

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Plato típico en un Lanchonete

Así pues, mi primer día en Paraty, consistió en el reconocimiento físico del irregular territorio, degustación de comida típica y psicología barata para Heidi.

Las famosas playas no se encuentran propiamente en Paraty continental, sino en las muchas islas que la rodean. Para llegar a ella tendrán opciones para escoger la que más les guste, porque son varios los botes y lanchas que ofrecen el “boat tour” por 50 reales.

Estos botes salen desde el canal de Paraty, que es la desembocadura del río Perequê-Açu en el Atlántico. Su nombre tiene origen Tupi, uno de los pueblos que habitaba anteriormente la región, y significa “playa grande” o “gran entrada de peces”.

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Río Perquê-Açu

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Vista de Paraty desde la desembocadura del río

Sin embargo, si están en busca de un poco más de diversión, definitivamente deben escoger el “Caip-Boat”.

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Caip-Boat

El Caip-Boat  sólo cuesta 10 reales más y  al igual que los demás, los lleva a varias playas cercanas pero con ¡caipirinhas todo el día!  Si se están quedando en algún hostal, probablemente encontrarán toda la información y el personal a cargo les reservará un cupo. Las reservas deben hacerse con un día de anticipación y vendrán a recogerlos a pie a la puerta de su hostal u hotel. Si no encuentran información, pueden reservar a través de la página de Facebook, https://www.facebook.com/caipboatparaty

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Caipirinhas en proceso

En este paseo, podrán ver la isla de Ronaldinho, en donde filmaron algunas de las escenas de Crepúsculo (no tengo idea cual), disfrutar del agua y del sol, bailar, alimentar monitos y saltar desde 10 metros de altura, suena divertidísimo ¿no? ¡Pues lo es!

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Alimentando monitos

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Salto

Al final del paseo necesitarán comer algo, especialmente si se han pasado de caipirinhas. El bote hace una parada para almorzar en una de las islas, en donde venden comida de mar, la opción más barata es el Pastel. Podrán pedirlo de camarones o de queso, cualquiera de los dos es ¡delicioso!

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Pastel de Camarón

Si cuentan con un poco más de tiempo, pueden ir al poblado de Trinidade, a 45 minutos en bus, famoso por  ser un destino para surfistas y por tener playas consideradas de las mejores en Brasil. Los buses salen cada hora y el pasaje cuesta entre 3 y 4 reales.

Solo me queda asegurarles que, sea cual sea la razón que los motive a visitar Paraty, este es un destino que no los defraudará. Es uno de esos sitios en los que provoca dejarlo todo y buscar la forma de subsistir ahí. No sé si será el pueblo, la gente, las caipirinhas o la influencia de Heidi, pero siempre tendré a Paraty en mi lista de lugares para envejecer y morir feliz.

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