It’s up to you, New York, New York!

Por Mariana Orozco Blanco

No era mi primera vez en Nueva York. Cuando tenía 19 años le dí una primera mordida a la gran manzana, pero como probablemente le sucede a quienes iniciaron a recorrer el mundo a temprana edad, volver a visitar una ciudad como esta siendo adultos (o por lo menos tratando de serlo), es una experiencia totalmente diferente, es como visitar una ciudad en la que nunca antes se ha estado. Además, la primera vez que fui era verano y esta vez me estaría enfrentando al fin del invierno y sus muy bajas temperaturas.

Por: Mariana Orozco Blanco

Esquina sur-oriente del Central Park despidiéndose del invierno

En esta ocasión el motivo que me hizo llegar a Nueva York, fue un seminario en la Universidad Estatal de Nueva York (SUNY), pero seamos sinceros… estos seminarios son en muchas ocasiones, buenos pretextos para irnos de paseo.

Mis compañeros de viaje eran 35 personas de Valledupar, Colombia entre los 25 y 70 años de varios gremios de la ciudad, todos pensando en las diferentes cosas que querían hacer en la capital del mundo. Yo como buena arquitecta ya tenía mi propia lista de museos y edificios a los que tenía que ir, a los cuales siendo más joven y sin haber estudiado arquitectura no se me había ni pasado por la cabeza visitar.

Lo primero en mi lista, era ir al musical del Rey León en el Minskoff Theatre. Había escuchado tantas cosas que estaba obsesionada, tanto que lo primero que hice después de haber terminado el seminario, fue ir a la recepción del hotel donde nos hospedábamos, a preguntar por las entradas. Para los días que me quedaban en Nueva York, costaban entre 150 y 200 USD. Yo en mi afán por no perderme el tan afamado show, las compré en 180 USD, pero la verdad es que cometí un gran error. Ya la guía del bus, que nos fue a recoger al aeropuerto, nos había dicho que unas horas antes del show, afuera de los teatros, se conseguían entradas más baratas, y efectivamente, cuando llegué súper emocionada al teatro, encontré a varios compañeros de viaje muy sentados y felices porque habían pagado solo 130 USD ¡en mejores sillas que yo! Respiré profundo, decidí no darme mala vida por eso y disfrutar del show, el cual debo decir que muy a mi pesar, no llenó mis espectativas. Es un lindo musical, uno de los mejores de Broadway sin duda, pero en mi opinión, después de ver el Circo del Sol en varias ocasiones, un musical, por bonito que sea, pierde su encanto.

Por: Mariana Orozco Blanco

Entrada del Miskoff Theatre

Lo segundo era el Museo Solomon R. Guggenheim, ubicado en el Upper East Side de Manhattan, sobre la Quinta Avenida en frente del Central Park. Para mí sería un sueño hecho realidad porque lo que más me reprochaba  a mí misma, era no haberlo visitado la primera vez.

El museo pertenece a la Fundación Solomon R. Guggenheim, una organización sin ánimo de lucro, que se encarga de promover el arte moderno y contemporáneo y adminsitra varios museos en el mundo. El primero de ellos fue el Guggenheim de Nueva York, que inicialmene se abrió con el nombre de Museo para la pintura no-objetiva en 1939 pero luego de la muerte de Solomon R. Guggneheim, adoptó ese nombre en 1952. En 1959 el arquitecto Frank Lloyd Wright terminó el actual edificio y en 1992 se construyó una nueva torre para expandir las colecciones del museo, que siguen en constante crecimiento y renovación.

Si usted es arquitecto, artista o aficionado de alguna de las disciplinas afines, es una visita que no puede dejar de hacer. La entrada al museo cuesta 25 USD, pero si se compra el City Pass, puede terminar costando 19 USD. El City Pass, cuesta 114 USD y da acceso al Empire State, al Museo Americano de Historia Natural (el de Una noche en el museo), al Museo Metropolitano de Arte y, además, dan la opción de escoger entre el Observatorio Top of the Rock (el del Rockefeller Center) y el Guggenheim, la Estatua de la Libertad o Crucero Circle Line y el Museo Memorial de 9/11 o el Museo Intrepid de Mar y Aire. Yo por supuesto que compré mi City Pass y en promedio las entradas me salieron por 20 USD cada una.

Por: Mariana Orozco Blanco

Interior del Museo Guggenheim

El mismo día que se visita el Guggenheim se puede visitar el Museo Metropolitano de Arte, mejor conocido como El Met, también ubicado en el Upper East Side, pero dentro del Central Park. Sin embargo, si se decide ir a ambos museos en un día, no se podrán ver todas las salas y colecciones del Met. Para hacerlo probablemente se necesita pasar todo el día allí porque es un museo inmenso, uno de los 10 más grandes del mundo, con más de 2 millones de obras en exhibición. En total el museo cuenta con 14 exhibiciones permanentes. A mí el tiempo me dio para pasar la tarde allí y visitar las colecciones que más me interesaban, el Ala Americana, el Ala Egipcia, Armas y Armaduras, Artes de África y Oceanía y Arte Greco y Romano.

Por: Mariana Orozco Blanco

Piezas exhibidas en el Ala Egipcia

Por: Mariana Orozco Blanco

Piezas exhibidas en la sala de Armas y Armaduras

El museo fue fundado en 1870 por empresarios, artistas y pensadores de la época, que querían que los estadounidenses tuvieran acceso al arte. El museo ocupa un área de 190.000 m2, en una tierra que le fue otorgada en 1871 y se constituye de más de 20 estructuras diferentes que se fueron construyendo a través de los años, con intervención de varios arquitectos, hasta llegar al ganador del Premio Pritzker Kevin Roche, quien desde 1967 ha sido el responsable del diseño del plan maestro y de las más recientes alas del edificio, incluyendo las fachadas de vidrio de las alas Egipcia y Americana.

De hecho, mi espacio favorito del museo fue la sala de exhibición del Templo de Dendur, que goza de una hermosa vista hacia Central Park a través de una de las fachadas de vidrio, aunque en esta época del año lo que se podía apreciar era ¡el vidrio empañado!

Por: Mariana Orozco Blanco

Fachada de vidrio en el Ala Egipcia

Por: Mariana Orozco Blanco

Fachada de vidrio en el Ala Americana

Al otro lado del Central Park, en el Upper West Side, se encuentra el tercer museo de mi lista, el Museo Americano de Historia Natural, mejor conocido como AMNH. Como yo lo veo, éste es el hermano menor del Met. También es un museo enorme, que ocupa 150.000 m2 y se compone de 27 edificios interconectados entre sí, cuenta con 45 salas para exhibiciones permanentes. Un planetario, una biblioteca y 2 salas de cine 3D. Fue fundado en 1869, apenas un año antes que el Met, por Theodore Roosvelt (el papá del ex presidente de Estados Unidos) y empresarios y filántropos de la época, cumpliendo el sueño del doctor Albert S. Bickmore, zoólogo de la Universidad de Harvard, que luchó incansablemente por abrir este museo.

Por: Mariana Orozco Blanco

Vista de la fachada del Planetario

El primer edificio del complejo se terminó de construir en 1877 y, al igual que el Met, desde 1990 el arquitecto Roche es el encargado del plan maestro, restauración y renovación de los diferentes edificios y espacios del AMNH.

Mi sala favorita fue la de los dinosaurios, me sentía un poco como Ross, el de Friends, ¡pero es que es uno de los pocos lugares en los que se pueden ver las réplicas y fósiles originales de tantas especies de éstos animales! y en donde se puede tener información muy completa de ellos, aquí cualquiera se vuelve un nerd.

Otras salas interesantes, son las de los Mamíferos Africanos y Norteamericanos y la de la Vida en el Océano. Hay también salas dedicadas al origen de las poblaciones africanas, centro y suramericanas y asiáticas y está el Centro de la Tierra y el Espacio, que es el edifico más reciente del complejo.

Por: Mariana Orozco Blanco

Exhibición T-Rex

Por: Mariana Orozco Blanco

Exhibición de osos marrones de Alaska en la sala de Mamíferos Norte-Americanos

Además del musical y los museos, en mi lista también estaba visitar el memorial del 9/11 y el One World Trade Center, visitar Gran Central Terminal, regresar a la Estatua de la Libertad y a Times Square, la parada obligada.

De hecho, el primer tiquete del City Pass que utilicé fue el de la Estatua de la Libertad, a la que fui en compañía de otros 3 asistentes al seminario, Chicho, Lida y Manolo. Tomamos la línea verde del Metro, para bajarnos en la última parada, que era la que nos dejaba más cerca a la estación de botes. Cuando nos bajamos en la última parada, nos dimos cuenta que no era la que pensábamos y que habíamos tomado el número de tren que solo nos llevaba hasta la Brooklyn Bridge-City Hall. Aprovechamos la oportunidad y caminamos hasta el puente Brooklyn, desde donde se observa muy bien el skyline de la ciudad y se toman unas fotos geniales. De regreso, para no perder tiempo decidimos tomar un taxi hasta la estación de ferrys y menos mal lo hicimos porque al llegar eran las 2:30 p.m. y nos dijeron que los últimos salían a las 3:00 p.m.

Por: Mariana Orozco Blanco

Puente Brooklyn

Intentamos hacer el proceso lo más rápido posible, pero en verdad era complicado porque es igual al de un aeropuerto. Quitarse chaquetas, bufandas, correas, etc, pasar por el detector de metales y volverse a vestir. Corrimos para subirnos en el ferry que iba saliendo pero no alcanzamos y tuvimos que esperar unos 15 minutos a que llegara el próximo. El viento era violento y helado por lo que nos ubicamos en el piso inferior para protegernos un poco, solo cuando estábamos lo suficientemente alejados de la costa Neoyorquina, yo salí a tomar fotos y mis compañeros me siguieron. La nariz y las manos se nos pusieron morados ¡pero las fotos valían cualquier sacrificio! Manolo insistía en que me cubriese un poco más, que me pusiera su bufanda, pero yo le decía que eso era para los débiles. Él solo se reía y me dejaba auto-torturarme.

Por: Mariana Orozco Blanco

La foto por la que vale la pena congelarse

Al llegar a Liberty Island, que es como se llama la isla en donde está la Estatua de la Libertad, nos informaron que habría un ferry de regreso a las 4:30 p.m. y otro una hora después. Fuimos a un punto en donde reparten audioguías en varios idiomas y empezamos a hacer el recorrido sugerido por ella, que inicia en una gran plaza en donde se erige la bandera de Estados Unidos y que también es un muy buen sitio para tomar fotos. Iniciamos muy juiciosos a seguir todos los pasos de la audioguía, que va relatando todo como si fuera una de las tantas gaviotas que vuelan sobre la estatua, pero luego nos dimos cuenta que a ese paso no íbamos a alcanzar a tomar el ferry de las 4:30 p.m. y decidimos callar a la gaviota y acelerar el paso.

De la Estatua de la Libertad no hay mucho que yo les pueda decir que no sepan. Es un monumento que tiene mucho significado para los estadounidenses y que hay que visitar al menos una vez, aunque a mí me haya tocado visitarlo dos veces porque no recordaba mucho de la primera vez.

Por: Mariana Orozco Blanco

Estatua de la Libertad

La visita del memorial de 9/11 de la torre One World Trade Center en cambio, sí sería la primera vez, porque en aquella ocasión de 2007, apenas habían iniciado las obras. Esta vez tenía muchas ganas de ver con mis propios ojos cómo había quedado ese lugar que ha sido testigo de tanta destrucción.

El memorial se compone de una plaza y un museo que fueron construidos con recursos recolectados por la World Trade Center Memorial Foundation, (ahora National September 11 Memorial and Museum), inmediatamente después de los ataques.

El diseño del memorial estuvo a cargo del arquitecto israelí Michael Arad y consiste en una plaza con dos profundas piscinas en donde antes estaban las Torres Gemelas, que simbolizan el gran vacío dejado por los ataques. En sus marcos exteriores se encuentran tallados los 2.983 nombres de las víctimas, 2.977 caídas en el 9/11 y 6 en el bombardeo al World Trade Center de 1993. Los nombres fueron organizados con especial cuidado, para que las victimas que murieron en el colapso de la Torre Norte, en el vuelo 11 de American Airlines que impactó esa misma torre y las 6 de 1993, se ubicaran en la Piscina Norte, y aquellos caídos en el colapso de la Torre Sur, los vuelos 175 y 93 de United Airlines, que impactaron esa torre y Shanksville, Penilvania respectivamente, el vuelo 77 de American Airlines que impactó el Pentágono, los que murieron por estar en las proximidades del lugar y los que murieron por prestar los primeros servicios de rescate, se ubicaron en la Piscina Sur.

Por: Mariana Orozco Blanco

Nombres tallados en las piscinas del Memorial del 9/11

En todo el perímetro interior de las piscinas, hay fuentes de agua con la intención de que el ruido de la ciudad se disimule con el sonido de la caída del líquido y se sienta tranquilidad al visitar el memorial. El resto de la plaza, fue sembrado con unos 400 robles blancos, que también ayudan con el aislamiento acústico. Estos 400 robles están acompañados por el “árbol sobreviviente”, un árbol de peras que había sido sembrado en los 70’s y que sobrevivió el atentado. Luego de ser hallado en el lugar, lo movieron a una guardería de árboles y aunque nadie pensaba que iba recuperarse, el árbol lo hizo y en diciembre de 2010 se volvió a sembrar en la plaza.

El museo por su parte, fue diseñado por Davis Brody Bones, al estilo deconstructivista, simbolizando un edificio colapsado. Tiene 10.000 m2 de área y se encuentra 21 metros por debajo del nivel de la plaza. En el museo se exhibe material audiovisual relacionado con los ataques y algunas partes de las Torres.

Por: Mariana Orozco Blanco

Piscina Norte. Al fondo, la fachada sobre la plaza del museo.

El memorial fue abierto al público el 12 de septiembre de 2011 y el museo en Marzo del 2014.

La construcción de la torre One World Trade Center, por su parte, inició en mayo del 2006 y se terminó 7 años después. El diseño del edificio había sido esbozado por Daniel Libeskind en el Plan Maestro, pero luego se le cedió al arquitecto David Childs, quien lo rediseñó completamente. Ocupa 3.700 m2, un área casi idéntica a la ocupada por las Torres Gemelas y es el segundo edificio más alto del hemisferio occidental con 104 pisos y 541 metros de altura incluyendo la antena, sólo superado por la Torre CN de Toronto, que tiene 12 metros más. Sin la antena sin embargo, sería el tercer edificio más alto. La altura en pies es de 1.776, un hecho intencional propuesto por Libeskind para simbolizar el año en el que se firmó la Declaración de Independencia de Estados Unidos. La torre tiene un observatorio en el piso 100, pero en la fecha de mi visita no se encontraba habilitado para el público aún.

Por: Mariana Orozco Blanco

One World Trade Center

Por: Mariana Orozco Blanco

One World Trade Center

Con el City Pass tienen la opción de entrar al museo pero cuando yo fui no lo había comprado y además eran más de las 5:00 pm y ¡OJO!, a pesar de que en la entrada dice que está abierto hasta las 5:00pm, dejan entrar solo hasta las 4:00pm…para que efectivamente puedan cerrar a las 5:00pm. Yo me enteré de ésto de una no muy agradable forma que les relato a continuación.

En nuestro ultimo día en Nueva York, Manolo, quien se había convertido en mi compañero de City Pass y yo, habíamos decidido visitar el AMNH por la mañana, recoger un vestido que me habían encargado y luego utilizar la boleta del City Pass, que daba la opción de escoger entre el Museo del 9/11 y el Museo Intrépido de Mar y Aire. Habiendo ya visitado el memorial del 9/11, la única opción era visitar el Museo Intrepid, al cual empezamos a caminar desde la estación de la línea azul 42 St, (unas 4 cuadritas, de 250 metros cada una…1 kilómetro nada más) con un viento helado que me estaba calando a los huesos. Igual yo le insistía a Manolo, que tomar un taxi para evitar el viento, era para los débiles ¡ja ja ja!

Cuando llegamos al museo, a las 4:20 p.m., intentamos entrar muy confiados porque sabíamos que cerraban a las 5:00 p.m. El de seguridad nos explicó que efectivamente esa era la hora de cierre, pero que la hora del último ingreso era a las 4:00 p.m. Yo sabía que ese era el fin, pero Manolo intentó el viejo truco, explicando que veníamos desde muy lejos y que ese era nuestro último día en Nueva York y preguntando si no había ninguna forma de que nos dejaran entrar. Conociendo un poco mejor a los gringos, sabía que no había poder humano que nos hiciera entrar a ese museo y solo quería largarme de ahí a un lugar con menos viento. Tomamos un par de fotos desde afuera, con el rabo entre las piernas y nos fuimos a nuestra última parada del día: El Empire State.

Por: Mariana Orozco Blanco

Portaviones del Museo Intrépido de Mar y Aire

De hecho esa sería la tercera vez que intentábamos ir al Empire State. La primera vez, se nos atravesaron unos Margarita en el camino y nunca llegamos y, la segunda, había 0 visibilidad por lo que nos dijeron que era mejor volver en otra ocasión. Pero la tercera era la vencida.

El Empire State es célebre por muchísimas razones, entre ellas por supuesto la película King Kong, sobre la cual verá alguna información al interior del edificio. Su altura incluyendo la antena es de 441 metros y durante 40 años fue el edificio más alto de Nueva York, superado por la Torre Norte del World Trade Center en 1970. Después de los ataques recuperó su posición, hasta la apertura del nuevo One World Trade Center. Actualmente, ocupa el cuarto puesto dentro de Estados Unidos y el 25 en el mundo. Su diseño, en estilo Art Deco, es uno de los favoritos dentro del país y se ha consolidado como un símbolo para los estadounidenses. Por las noches se puede ver la parte superior iluminada, con colores que hacen referencia a distintos eventos que puedan estar llevándose a cabo en la ciudad.

Por: Mariana Orozco Blanco

Empire State iluminado

Al ingresar usted debe pasar un filtro de seguridad y justo antes de subir en los ascensores, le ofrecerán pagar 20 USD por entrar en un simulador de vuelo en helicóptero sobre la ciudad de Nueva York. Suena atractivo ¿verdad? ¡NO LO HAGA! Es una trampa y una pesadilla. Yo soy una amante de la adrenalina pero es que esto es una experiencia tortuosa. Las imágenes no son claras y saltan mucho en la pantalla y el simulador de movimiento simula un carro cayendo por unas escaleras en vez de un helicóptero. Salimos de ahí mareados y con ganas de vomitar.

El observatorio está en el piso 86, desde donde se pueden apreciar vistas impresionantes de toda Nueva York. Por 20 USD más puede subir al piso 102, el último piso del Empire State. Este es el momento de usar esos 20 USD y ¡no en el simulador! Desafortunadamente, ya yo había desperdiciado los míos.

Por: Mariana Orozco Blanco

Downtown de Nueva York desde el Empire State

Por: Mariana Orozco Blanco

Uptown de Nueva York desde el Empire State

Por ultimo, para ir a la Grand Central Terminal y a Times Square, no necesita planearlo, porque todos los caminos en Nueva York, conducen a ellos. En algún momento usted deberá hacer transferencia de metro en Grand Central o se irá a comprar o comer y a tomar unos Margarita en Times Square.

La Grand Central Terminal, por si no está familiarizado es la que sale en todas las películas norte-americanas y es un epicentro en donde ocurren muchas cosas. Hay restaurantes, tiendas, cafés, bares y es el punto de conexión entre el transporte público de la ciudad y los trenes inter-estatales.

Por: Mariana Orozco Blanco

Grand Central Terminal

Por: Mariana Orozco Blanco

Times Square

Si lo suyo no son ni los museos, ni la aquitectura, ni los musicales ¡felicidades! ha usted perdido el tiempo leyendo esta entrada. Pero de todas maneras no hay de qué preocuparse porque Nueva York es una ciudad completa y cosmopolita, en donde cualquiera puede satisfacer sus gustos ya sean grastronómicos, de fiesta, de compras o lo que se les ocurra. Hay de todo para todos y cualquier momento es bueno para ir, enfrentándose al calor del verano o al frío del invierno ¡esta ciudad siempre tendrá algo que ofrecerle! Porque en Nueva York todo lo que quieras hacer It’s up to you!

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