¡PORQUE ESTO ES ÁFRICA! Vol. IV: EL VOLUNTARIADO

Por Mariana Orozco Blanco

“¿Por qué quieres irte de voluntaria?” Fue la primera pregunta de familiares y amigos cuando les conté mi intención de irme a hacer servicio social a Kenia. Al principio no sabía cómo responder, sencillamente era un deseo que tuve desde que me gradué de la universidad ¿No deberíamos todos, en algún punto de nuestras vidas, ser voluntarios? ¿No es esa la manera perfecta de retribuir de alguna forma todas las ventajas que la vida nos ha dado? La pregunta debería ser ¿Por qué NO ser voluntario?

Por: Mariana Orozco Blanco

Niños jugando en Kaptembwa

“¿Por qué en África?” Era la siguiente pregunta, “¿no hay suficiente pobreza acá en Colombia como para que te vayas a ayudar en otro país?”. Era molesto, muy molesto tener que justificar ante las miradas prejuiciosas, una decisión que cumplía mi sueño.

Mi respuesta: ser voluntario en África, no sólo es la oportunidad de ayudar a comunidades que pasan condiciones increíblemente difíciles, sino también la de conocer la historia y la cultura de un continente condenado a sufrir todos los males durante toda su existencia, de entender por qué siendo el más antiguo, es el menos desarrollado y de aprender de su situación para intentar ayudar en mi país y en cualquier parte del mundo de una mejor manera.

Claro que en Colombia hay mucha gente a la que podría ayudar y de hecho antes de ser voluntaria en el extranjero, lo fui en mi país. Pero una de mis metas personales es poder recorrer el mundo entero, interactuar con las distintas culturas y lugares que visito. En África, había que interactuar con la pobreza para entender.

Cuando reuní el dinero para poder irme empecé a buscar programas y encontré una ONG que ofrecía toda clase de voluntariados alrededor del mundo. Lo que tenía en mente era trabajar en algún proyecto de construcción para poder aportar algo de mis conocimientos como arquitecta. La ONG se llama Experiential Learning Internationl (ELI) y después de una búsqueda exhaustiva, los escogí porque manejan precios bastante cómodos, 17 semanas del programa me costaron 2100 USD, que se pagan en dos partes, una cuando se inicia el trámite y otra cuando ya tienes el cupo asegurado. Encontré ONGs que cobraban hasta 3 veces lo que cobraba ELI y durante el voluntariado, conocí personas que habían pagado éstas sumas por los mismos beneficios a los que yo tenía derecho. Además, los funcionarios fueron rápidos y diligentes con mi solicitud, atendieron todas mis preguntas y me ayudaron a decidirme por Kenia como país de destino.

En Agosto de 2013 cumplí el objetivo. Llegué a Nakuru y empecé a trabajar en la escuela Gabriel’s Learning Center (GLC), inaugurada por Susan Saleeba en 2009.

Susan es una mujer australiana que en 2007 fue voluntaria en Nakuru, pagando una suma alta de dinero a una organización, que prometía que parte de los recursos serían destinados al proyecto para el que ella trabajaría. Al llegar allá, se dio cuenta de que el dinero no lo hizo y luego de 3 meses regresó a Australia, con la sensación de que tenía que hacer algo más para ayudar a la comunidad con la que convivió ese tiempo.

Regresó a Nakuru muchas veces, trabajando por su cuenta, ayudaba a los niños huérfanos, a las madres cabeza de familia, a los enfermos de VIH, pero cada vez que regresaba, se daba cuenta que sus esfuerzos no trascendían, no eran sostenibles y por eso decidió crear su propio proyecto, el proyecto Nakuru Hope.

Para lograr este nuevo propósito, Susan se apoyó en Christopher, un profesor keniata que había conocido durante su primera visita y que al igual que ella estaba preocupado porque la ayuda de los voluntarios, no se veía reflejada en mejoras sustanciales en la calidad de vida de las personas más pobres de Nakuru. Decidieron que el naciente proyecto debía localizarse en un lugar en donde pudieran llegar a muchas familias, un lugar en donde vivieran los más pobres entre los pobres, un lugar llamado Kaptembwa, el barrio marginal –slum- más grande de Nakuru, donde más de 140.000 personas viven en la extrema pobreza.

Por: Mariana Orozco Blanco

Susan y Christopher registrando Gabriel’s Learning Center en el Ministerio de Educación.

Por: Mariana Orozco Blanco

Calles de Kaptembwa

GLC funcionaba en una casa arrendada de 3 habitaciones. En lo que debía ser la sala, se ubicaba el salón de capacitación en costura para mujeres, en uno de los cuartos estaba un salón de clases para adultos, en otro estaba un salón para los niños mayores de 6 años y en el tercer cuarto se ubicaba la oficina de dirección de la escuela. En el garaje estaba el salón para los niños menores de 6 años y en el patio había un cuarto pequeño en donde dormía Silvester, un muchacho que era el “todero” de la escuela. Digo funcionaba, porque actualmente GLC recibe a sus niños en una nueva escuela de dos pisos, con muchos salones de clases, una cocina y un patio grandes que se inauguró en enero de 2014.

Por: Mariana Orozco Blanco

Antigua casa de GLC

Val, una señora australiana que por segunda vez era voluntaria en GLC, se convirtió en mi guía. Me enseñó a tomar una “boda-boda”-un bicitaxi- hacia la escuela, sólo tenía que decirles “Checkpoint” y ellos sabían dónde tenían que llevarme. Lo siguiente era no dejarme cobrar nunca más de 30 chelines (unos 600 COP), o 50 si decidía irme en “piki-piki”-un mototaxi-. Si éramos más de 3 personas, entonces valía la pena tomar un “tuc-tuc”, ese famoso triciclo que también podemos encontrar en algunos pueblos Colombianos. Fue bastante divertido ver a esta mujer de alta cuna australiana, regateando precios con un conductor de bicicleta.

Por: Mariana Orozco Blanco

Piki-Pikis y Boda-Bodas esperando clientes.

Apenas crucé la puerta de la escuela sentí que alguien me agarraba la pierna, luego alguien más el brazo y así todos los niños se fueron apoderando de cada una de mis extremidades. Vi a Val y ella también tenía a más de uno encima. Una vez me dejaron ir, seguí hacia el interior de la casa, en donde Christopher nos esperaba. Me dio la bienvenida y me mostró la escuela, presentándome a los demás maestros. Robert se encargaba de coordinar las actividades académicas en general, Mary era la profesora de los más chiquitos, Carol era la profesora de costura y Josephine se encargaba de ayudar a los más grandes con sus tareas y de la cocina.

Por: Mariana Orozco Blanco

Josephine y Mary

¿Qué hacemos los voluntarios en GLC? Lo primero, volvernos locos de amor por los niños y querer pasar todo el día jugando con ellos; lo segundo, hacer visitas domiciliarias y llevar alimentos a las familias que hacen parte de Nakuru Hope y lo tercero, ayudar a preparar los almuerzos de todos los niños de la escuela. Esas son las 3 cosas básicas, pero además, ocasionalmente hay que llevar a algún niño al médico, realizar algunas labores administrativas con Christopher y una vez al mes, ir a limpiar la casa de una de las familias. Entre más tiempo se queden, más oportunidades tendrán de hacer cosas diferentes. Yo hasta tuve el placer de hacer una fiesta para celebrar mis 26 años con los niños y no se alcanzan a imaginar lo feliz que estaban de estar en una fiesta de cumpleaños. Muchos de ellos ¡ jamás habían asistido a una! algunos incluso no saben qué día cumplen años ni cuántos tienen.

Por: Amigo africano

Celebración de mi cumpleaños en GLC

No crean que el amor desenfrenado por los niños se da de manera instantánea. Yo por ejemplo, tuve que pasar por un estado de shock inicial, al ver sus barriguitas infladas y sus ombligos salidos, sus narices llenas de mocos, al oler un hedor a orines proveniente de su ropa y sus cabezas, al dejarme tocar por esas manos sucias después de haber comido… ¡con las manos por supuesto! Me sentía la más cretina del mundo ¿quién viene como voluntario a África y se deja afectar por cosas como estas?

A los pocos días, el olor empezó a pasar desapercibido, sus ombligos seguían sintiéndose bajo la ropa pero ya no era tan impresionante tocarlos, compré muchos kleenex y les limpiaba los mocos cada vez que podía, y sí, me tocaba lavarme más veces las manos que de costumbre, pero eso se volvió insignificante ante la alegría de uno de ellos cuando podía tocarte, abrazarte, sentarse en tus piernas.

Una semana, ese fue el tiempo exacto que me tomó pasar del shock al enamoramiento total. Ya no había quien me despegara de los mocosos.

Por: Mariana Orozco Blanco

Sammy y Peter comiendo con las manos (no se dejen engañar por la cuchara, ¡Jamás la usan!)

Si les cuento esto, es para que entiendan que no es un proceso automático, que puede no ser tan fácil como se lo imaginan. En impactante y hubo voluntarios a quienes jamás les gustó que los niños los tocaran. No eran malas personas ¡estaban donando su tiempo y su dinero caray! simplemente no pudieron digerir la imagen de niños que no tienen agua para bañarse en sus casas, ni ropa limpia para cambiarse, ni quien los eduque en cuestión de higiene.

Las visitas domiciliarias se hacen por lo menos una vez a la semana para ver en qué estado se encuentra cada familia. La situación era diferente dependiendo si se trataba de una familia que estaba patrocinada o no. Los patrocinios son otra forma que tiene Nakuru Hope para ayudar familias específicas, con la esperanza de que algún día, todas las familias puedan tenerlo. Lo que normalmente sucede es que un voluntario se sensibiliza con algún niño o familia en particular, y decide volverse su patrocinador –sponsor– enviando 100 dólares australianos mensuales, si se trata de toda una familia y 85 si es solamente el niño. Con este dinero se asegura que la familia siempre pague la renta de su casa, que tengan comida, medicamentos y útiles escolares.

Cuando visitábamos familias patrocinadas, encontrábamos que las cosas estaban “bien” (en medio de lo posible), la mayoría de veces había comida y la renta estaba al día. Las casas eran de piedra o de concreto y en algunos casos tenían hasta 3 habitaciones. También podían llegar a tener energía eléctrica y baños comunales. Dependiendo de las necesidades, los voluntarios comprábamos un pequeño mercado que costaba entre 500 y 1000 Ksh (10.000-20.000 COP) y medicinas si hacían falta.

Por: Mariana Orozco Blanco

Casas de piedra o concreto. (Las latas del centro son el baño comunal)

En cambio era muy impactante llegar a la casa de una familia no patrocinada, la casa ya no era de piedra sino de barro, de 4×4 metros, y los baños… a Christopher le gustaba bromear diciendo que eran baños voladores, las personas hacen sus necesidades en una bolsa, le hacen un nudito, y !a volar! . Imagínense lo triste que es preguntarle a los niños, que cuándo había sido la última vez que habían comido y que contestaran que su última comida había sido hace dos o tres días, o enterarnos que habían tenido que pasar la noche en la calle, porque el rentista los echó por deber 3 meses de renta, una renta que así como puede ser de 500 Ksh, también puede ser de 3000.

Por: Mariana Orozco Blanco

Casas de barro en Kaptembwa

Hasta Diciembre de 2013, en Nakuru Hope había 30 patrocinios, entre niños y familias. A la fecha no sé cuántas hay porque es información reservada, pero lo cierto es que GLC pasó de tener 50 niños, a tener 250 con la apertura de la nueva escuela, más los que ingresaron al orfanato inaugurado recientemente. Ya se pueden imaginar la necesidad tan grande de que el número de patrocinios siga creciendo, sobretodo porque esos 30 que mencioné no son constantes, entre más pasa el tiempo el número de patrocinadores “desaparecidos” crece, pero las necesidades de la familia no corren con la misma suerte.

Por las tardes era cuando ayudábamos con la preparación de las comidas. La mayoría de los días la tarea era limpiar granos (lentejas, fríjoles, arvejas, maíz, etc.) porque como se compran al por mayor en sacos, vienen contaminados con polvo, pasto y piedrecitas. El día favorito de los voluntarios era el jueves, hacíamos chapati.

Por: Mariana Orozco Blanco

Colador y bandejas para limpiar el maíz

El chapati es una tortilla que se hace de harina, sal, azúcar, agua y muchísima pero muchísima grasa y, nos encantaba porque al final, podíamos comernos un chapati recién hecho.

Por: Mariana Orozco Blanco

Voluntarias amasando los chapati y Josephine cocinándolos en un hornillo carbón

Después de conocer la casa-escuela en ese recordado primer día, Christopher me llevó a la obra de la nueva escuela y orfanato. El diseño fue donado por el arquitecto australiano Tony Casella y ejecutado por el maestro de obra Moses.

Durante mi estadía tuve la oportunidad de hacer parte del proceso constructivo, algo que disfruté mucho porque finalmente eso era lo que yo buscaba, aprender y ayudar en algo que tuviera que ver con mi carrera. Moses me invitó a que fuera a ayudar a los fundi (albañil en swahili) y a conocer cómo construían las cosas en Kenia, me contó que la obra la habían iniciado en Mayo de 2013 y que planeaban terminarla antes del 24 de diciembre de ése mismo año.

La verdad fue que quedé gratamente sorprendida con la rapidez con la que construyen los kenianos, es una de las pocas cosas que se hacen tan eficazmente en ésta parte del mundo. A pesar de que todo lo hacen a pico y a pala, la velocidad con la que construyen es impresionante si se tienen en cuenta las limitaciones a las que deben enfrentarse.

Por: Mariana Orozco Blanco

Obra a principios de Agosto de 2013

La obra fue levantada con piedras, las cuales tenían que lijar y cortar para crear piezas regulares, las excavaciones tenían que hacerlas de forma manual, incluso el pozo séptico de 5 metros de profundidad lo hicieron dos fundi con pico y pala. Las compactaciones de tierra las hacen con un pisón y pintan con unas brochas bastante pequeñas, con pintura que deben rendir con disolvente para que alcance.

Por: Mariana Orozco Blanco

Obra a principios de Octubre de 2013

Moses me explicaba que los fundi casi nunca faltaban a un día de trabajo, trabajaban incluso los domingos. Un día que no fueran, significaba un día sin pago, un día sin poder llevarle comida a su familia y probablemente un descuadre en el monto que deben pagar mensualmente de arriendo. Si un fundi no iba un día, probablemente estaba bastante enfermo, moribundo se podría decir; de hecho durante mi segundo mes en Nakuru, uno de ellos dejó de ir un domingo y al día siguiente se enteraron que había muerto de neumonía. Se llamaba Isaac y ya se imaginarán lo mucho que me impactó esta noticia, sólo 3 días antes me había estado mostrando como pegar las piedras con la mezcla y de un momento a otro se murió.

Por: Mariana Orozco Blanco

Proceso de corte de piedras.

Me explicaban que probablemente Isaac tenía VIH lo que lo hacía muy vulnerable a las enfermedades y que por eso la neumonía había sido tan agresiva llevándolo a su muerte.

El territorio africano es uno de los más azotados por el VIH, en África Subsahariana, 1 de cada 20 adultos está infectado, el 69% del total de la población infectada, habita esta región.

¿Por qué el VIH parece haberse ensañado con esta región? Hay muchos factores, empezando por el hecho de que cuando se descubrió la enfermedad a principios de los 80, el contagio se atribuía a relaciones homosexuales o a condiciones de extrema pobreza, por lo que los estados africanos negaban que en su territorio hubiera VIH. A esos prejuicios se suman las prohibiciones religiosas, los mitos sobre el uso del condón y sobre posibles curas de la enfermedad.

Datos oficiales 2009

Prevalencia de VIH en África en 2009

Aunque no lo crean, en África hay personas que creen que el “mundo occidental” conspira contra ellos instándolos a utilizar condones para evitar la propagación de su población y acabar con ella, hay muchos más que creen que si tienen relaciones sexuales con una persona virgen se curarán.

Esa última creencia es bastante peligrosa puesto que lleva a muchos enfermos, en su mayoría hombres, a violar niñas y contagiarlas. Uno de los casos más impactantes para mí fue el de una jovencita de 19 años que era madre de 5 niños, la mayor tenía 10 años. Ella fue víctima de violación cuando tenía apenas 8 años y fue contagiada de VIH. Su victimario probablemente la tomó pensando en curarse y en vez de hacerlo, propagó la enfermedad en esa niña y en la bebe que tuvo 9 meses después.

Con un bebe en brazos, ésta mamá de 9 años de edad vio en la prostitución la única manera de salir adelante, a medida que intentaba sobrevivir seguía engendrando hijos, propagando la enfermedad y acrecentando el problema. He ahí un ingrediente más de la receta del VIH en África: la prostitución. Como ella, cientos de jóvenes mamás, venden sus cuerpos por unos pocos chelines, 50 por tener relaciones con condón o el doble si lo hacen sin condón. Con 100 chelines podrán comprar algo de comer y sobrevivirán un día más, pero cada vez que lo hacen pueden volver a quedar embarazadas, así que esos 100 chelines rendirán menos porque cada vez serán más bocas que alimentar. Así de dura es la cara de la pobreza y así de absurda es la respuesta de la ignorancia.

Actualmente la familia de esta chica hace parte de Nakuru Hope, ella ha recibido ayuda para empezar una venta de frutas y verduras para dejar la prostitución. Monicah, Joseph y Charles, tres de sus hijos estudian en GLC. Charles es el más pequeño de toda la escuela y por supuesto es el consentido de todos los voluntarios.

Por: Mariana Orozco Blanco

Joseph, Charles y Monicah.

El sistema de salud y las prohibiciones religiosas también son causantes de la rápida propagación de la enfermedad. En la mayoría de países africanos, el sistema ha estado siempre orientado a curar, en vez de prevenir y a prohibir en vez de educar. Hasta hace muy poco se empezaron a hacer campañas de prevención y educación en Kenia, pero el estigma sobre el uso del condón sigue siendo una dificultad en muchas escuelas y organizaciones de ayuda locales, las campañas están sesgadas por ideas religiosas y se direccionan hacia la abstinencia sexual y no hacia la protección y el uso de métodos anticonceptivos.

Los esfuerzos internacionales para menguar los efectos del VIH en África se vuelven insuficientes cuando existe tanta pobreza. Actualmente, en Kenia, los antiretrovirales se entregan de forma gratuita, pero éstos son medicamentos bastante fuertes, requieren que la persona que los va a ingerir se encuentre bien alimentada. En la gran mayoría de casos, las personas VIH positivo son tan pobres, que a pesar de tener las medicinas gratis no pueden tomarlas porque no tienen qué comer. Es por eso que para muchos, saber si están enfermos o no, no hace ninguna diferencia porque de cualquier manera, no podrán hacer nada contra la enfermedad. Son muchos los que prefieren vivir en la incertidumbre y nunca se hacen la prueba de VIH.

Por: Mariana Orozco Blanco

Campaña a favor del uso del condón en Nairobi

¿Puede alguien culparlos por esa indiferencia que muestran hacia un problema tan grave como el SIDA? Yo al principio lo hacía, me tomó tiempo entender que para ellos el hoy y el ahora es lo único que importa. ¿De qué sirve saber si tengo una enfermedad si no es algo que pueda resolver? El reto es sobrevivir cada día, ¿qué importa todo lo demás? Si hoy hay qué comer, eso es suficiente. Si hoy sobrevivimos, todo está bien.

Para las personas que podemos ver más allá del hoy y del ahora, resulta muy frustrante ver esa dinámica, entendemos que de esa manera el continente nunca podrá controlar la expansión del VIH. Llega un momento en el que el “porque esto es África” se vuelve más que una broma para explicar las diferentes situaciones irrisorias que se nos presentan como turistas y se vuelve una dura realidad que poco a poco empezamos a aceptar. Esto es África, en donde la vida es hoy, la preocupación del ser humano, que vive en la extrema pobreza es la de cómo va a sobrevivir las próximas 24 horas. Lo demás es secundario, no importa cuántas veces les expliquen lo importante que es prevenir el VIH, si ellos no tienen resuelto el problema de la alimentación, ninguna enfermedad será una prioridad en sus vidas.

Afortunadamente, Susan identificó ese ciclo vicioso y por medio de Nakuru Hope, también educa y ayuda a mujeres a salir adelante. Hay programas de costura para mujeres jóvenes y de alfabetización para mujeres y hombres. A las madres cabeza de familia se les ayuda a montar negocios para que vendan vegetales y frutas, ofreciéndoles una salida distinta a la prostitución. En la mayoría de los casos, los resultados son muy positivos.

Por: Mariana Orozco Blanco

Madre cabeza de familia en su venta de lechuga

Por: Mariana Orozco Blanco

Exalumna de la clase de costura con su propio negocio.

Si el panorama del VIH les parece devastador, ahora súmenle la malaria, la tuberculosis, la fiebre amarilla, la fiebre tifoidea y la hepatitis. Estas enfermedades típicas de los trópicos también las tenemos en Colombia pero mal que bien, las tenemos bajo control. En África la falta de recursos se traduce en poca capacidad de controlar y tratar.

El 90% de las muertes que se presentan en el mundo por malaria por ejemplo, son africanas y corresponden a la quinta parte de la mortalidad infantil del continente, en especial en África sub-sahariana (sí, otra vez), por ser la región tropical del continente.

Nos volvemos a preguntar ¿Por qué en África? Hay muchas otras zonas tropicales en donde la epidemia no está tan descontrolada, pero resulta que la malaria siempre ha afectado más a las poblaciones vulnerables, que no cuentan con refugios que ofrezcan protección alguna contra los mosquitos que transmiten la enfermedad. La poca salubridad de los asentamientos de viviendas contribuye a la cría del mosquito y la educación en cuanto a formas de prevenir el contagio, son prácticamente nulas en las comunidades más pobres.

Datos oficiales de África

Estratificación de riesgo de la malaria en África

Las pastillas para prevenir y curar la enfermedad se consiguen en cualquier farmacia y los exámenes diagnósticos son gratuitos en algunos puestos de salud. De hecho los kenianos no se asustan si se enteran de que tienen malaria como nos ocurre a nosotros. Simplemente siguen las recomendaciones del médico, se toman sus medicinas (si pudieron comprarlas) y esperan que se les pase, como si fuera una gripa. Esto si la enfermedad es detectada a tiempo.

En la gran mayoría de los casos de malaria en población vulnerable, la enfermedad no se detecta a tiempo o no se detecta del todo. Los niños están solos en sus casas porque sus padres están afuera ganándose la vida y no se dan cuenta que alguno de ellos está enfermo. Si se llega a dar cuenta ¿Qué hacer? ¿Llevarlo al hospital? ¿Cómo pagar por el transporte hasta allá? ¿Cuánto costará la consulta? ¿Cuánto costarán las medicinas? El niño morirá.

Igual sucederá si le adquiere cualquier otra enfermedad tropical. Ahora imagínense si alguno de ellos padece un mal aún más grave como diabetes, cáncer, autismo, parálisis, polio, etc. A menos que la familia del enfermo esté apoyada por alguna organización, la enfermedad jamás será diagnosticada y mucho menos tratada.

En esos 4 meses a 4 niños de la escuela les dio malaria, a Franciscah, de 7 años le dio fiebre tifoidea, Dennis, un chico de 12 años, tenía un tumor cerebral, Austin, un chiquitín de 4, tenía cierto grado de autismo y Maureen de 15 años, quedó con la mitad de su cuerpo paralizado después de ser atropellada por un carro. Gracias a que hacían parte de Nakuru Hope todos recibieron tratamiento médico a excepción de Austin, probablemente porque su enfermedad es mucho más difícil de reconocer.

Durante ese primer día en Gabriel’s, Dennis se desmayó ante mis ojos y comenzó a convulsionar. Yo no tenía ni idea de qué pasaba y obviamente me asusté muchísimo. Val me contó que había sido diagnosticado el año anterior con un tumor cerebral y que llevaba 1 año en trámites para poder operarse. Me contó que su mamá había matado a su papá porque les pegaba y abusaba sexualmente de la hermana de Dennis. La encarcelaron durante dos años, cuando fue liberada se había convertido en alcohólica y jamás se volvió a preocupar por sus hijos.

En Noviembre de ese año, Dennis fue operado exitosamente gracias a la recolección de fondos que hicieron voluntarios en Australia. La cirugía costó 60.000 chelines y se hizo en el CURE International Children’s Hospital Kenya, un hospital que también trabaja con los recursos de la ayuda internacional y que por eso puede darse el “lujo” de ofrecer tratamientos a un precio más cómodo.

Por: Mariana Orozco Blanco

Dennis y Christopher a la salida del hospital, 4 días después de la cirugía

A Maureen en cambio la conocí durante mi segunda semana en Nakuru. La madre de Maureen sufre de polio, por lo que le resulta extremadamente difícil conseguir un empleo, situación que se agravó después del accidente de su hija, pues ni siquiera podía salir a buscar ropa para lavar y ganarse unos centavos, porque le tocaba quedarse a cuidarla.

Maureen sufrió un duro golpe en el lado izquierdo del cerebro que le afectó la movilidad del lado derecho del cuerpo. También se comprometieron los músculos de la cara, imposibilitándole hablar y comer alimentos sólidos. Cuando fue dada de alta, su familia se la llevó a la casa, en donde pasó 8 meses en cama, sin moverse para nada. Esto debilitó el lado útil de su cuerpo por falta de uso, perdió masa muscular y su existencia se limitaba a esperar que pasaran los días.

Un buen día, una voluntaria de Nakuru Hope que era enfermera de profesión, durante las visitas domiciliarias, se dio cuenta del estado de Maureen y decidió enseñarle a la familia cómo moverla y cambiarla de posición para evitar que se siguieran deteriorando sus músculos. Se dio cuenta, por las expresiones de su cara, que Maureen estaba consciente y entendía lo que sucedía a su alrededor y que todavía conservaba algo de movilidad en sus extremidades del lado izquierdo.

Imagínense por un instante tener paralizado el cuerpo, estando perfectamente consciente de todo lo que sucede a los 15 años de edad, en una situación de pobreza absoluta. Maureen estaba muy golpeada anímicamente, deprimida. Por eso la voluntaria quiso llevarla al fisioterapeuta para ver qué se podía hacer por ella y tratar de devolverle la esperanza a ella y a su familia.

Desde ese momento la vida de Maureen cambió para siempre.

Por: Mariana Orozco Blanco

Val con Maureen y su familia

Con esfuerzos de varios voluntarios, entre ellos Val, a Maureen le compraron una silla de ruedas y unos soportes para sus piernas y su brazo derecho. Val la empezó a llevar a fisioterapia una vez por semana y pagaba el transporte y las citas de su propio bolsillo. En dos ocasiones me invitó a acompañarla y fue ahí cuando me empecé a involucrar con la situación. Cuando Val se fue, yo seguí llevándola a sus citas, que afortunadamente sólo fueron 2 gracias a que Christopher, adelantaba el proceso de admisión en una escuela de educación para niños especiales.

Por: Mariana Orozco Blanco

Maureen en fisioterapia

Maureen ingresó a la escuela, en donde recibiría terapias más constantemente y atención profesional. Su familia empezó a tener más tiempo para trabajar y sus necesidades se vieron aliviadas. Nakuru Hope pagó y continúa pagando sus gastos escolares, 7000 Ksh trimestrales y gracias al aporte de una pareja de voluntarios australianos, Gail y Wally, se pudo comprar el uniforme y demás útiles escolares.

El progreso fue evidente. Maureen pasó de no poder mover sus extremidades a lograr estar de pie durante algunos segundos, apoyada de una barra y a hacer bicicleta estacionaria durante algunos minutos, incluso pudo empezar a utilizar su mano izquierda para comunicarse y para dibujar en clase. No se alcanzan a imaginar lo alentador que es estar presente en ese momento en el que le cambia la vida a una persona, que pasó de estar en un estado virtualmente vegetal, a tener esperanza de recuperarse.

Por: Mariana Orozco Blanco

Maureen en su primer día de clases

Para mí, el caso de Maureen fue uno de los más cercanos y es probablemente el que recuerdo con más emoción y cariño.

Pero si me pongo a mencionar caso por caso, probablemente este será la entrada a Mochilink más larga de todas (créanme, ¡podría escribir un libro completo con los casos de cada niño que conocí!) y no es la idea, los casos de Charles y su familia, el de Dennis y el de Maureen, reflejan claramente lo que pasa con las enfermedades y accidentes en los barrios marginales de Kenia y de la gran mayoría de países africanos.

Estos son casos en los que se les dio esperanza a las familias porque fueron afortunados de estar vinculados a Nakuru Hope, pero como ellos hay cientos de miles que no hacen parte de ningún proyecto y que personalmente no me alcanzo a imaginar cómo logran sobrellevar su existencia.

Si usted decide hacer un voluntariado de este tipo, en África o en cualquier parte del mundo, tenga la seguridad de que será una experiencia que le marcará la vida para siempre. Se encontrará con cosas muy duras de asimilar, pero tendrá la dicha de brindar alegría y aliento a personas que lo necesitan mucho. Los niños que encuentre en cualquiera de los proyectos que existen, se robarán un pedazo de su corazón y lo dejarán con ganas de volver y de estar al tanto de sus vidas.

Por: Mariana Orozco Blanco

Asamblea de GLC en ¡la nueva escuela!

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