¡PORQUE ESTO ES ÁFRICA! Vol. 3: TANZANIA

Por Mariana Orozco Blanco

Lo último que esperaba de mi viaje a Zanzíbar era conocer la vida de Freddie Mercury. Cuando le dije a Marina que yo tenía muchas ganas de ir a esa isla, lo hice motivada por lo que Ryszard Kapuściński cuenta en Ébano, un libro que Javier me recomendó leer antes de ir a África, consejo que tengo que agradecerle porque disfruté mucho la lectura y me ayudó a entender muchas cosas del continente. Enterarme que Mercury había nacido en Zanzíbar fue entonces una grata sorpresa porque hasta donde yo sabía este personaje era británico. No es que sea mega-fanática (evidentemente) pero siempre es divertido encontrarse con estos datos curiosos inesperados.

Efectivamente Mercury nació en el Sultanato de Zanzíbar el 5 de septiembre de 1946, cuando la isla aún era un protectorado británico. Su nombre de nacimiento era Farrokh Bomi Bulsara y sus años infantiles los vivió entre Zanzíbar y la India (cuando esta era la India Británica). Como es de esperarse, los zanzibareños están muy orgullosos de este hijo famoso que tienen y en Stone Town, como se conoce a la parte vieja de la isla, hay muchos restaurantes, cafés y tiendas relacionadas con la vida del artista.

Por: Mariana Orozco Blanco

Letrero de la Galería Zanzíbar, ubicada en lo que era la casa de la familia Bulsara.

Actualmente el Archipiélago de Zanzíbar es una región semi-autónoma de Tanzania, formada por más de 50 islotes y por las islas mayores de Zanzíbar o Ugunja, que es la de mayor área, Pemba al norte de Zanzíbar y Mafia al sur, conocidas también como las Islas de las Especias. En el archipiélago eligen su propio presidente y su Casa de Representantes. Se ubica en el océano Índico, aproximadamente a unos 40 kilómetros de la costa continental tanzana, tiene 1.303.000 habitantes, 2650 km2 de superficie y se divide en 5 regiones: Zanzíbar Norte, Zanzíbar Urbana o del Oeste, Zanzíbar Centro-Sur, Pemba Norte y Pemba Sur.

Marina y yo habíamos comprado nuestros pasajes aéreos con la compañía 540 desde Nairobi hasta Zanzíbar, haciendo escala en Mombasa, un vuelo de dos horas aproximadamente. Cada tiquete costó 300 USD, que para nosotras en el momento fue una ganga, pues este lado del mundo es muy difícil encontrar tiquetes baratos. También nos apresuramos a reservar un hostal sobre las playas de la costa este de la isla, Baby Bush Lodge, pensando que sería bastante fácil movernos desde el hostal hasta Stone Town, habíamos leido que las “daladala”, como llaman a los buses de transporte público, pasaban por toda la isla. Cuando llegamos al aeropuerto, que se encuentra cerca de Stone Town, nos dimos cuenta que habíamos cometido un gran error. El hostal estaba en la costa noreste en Zanzíbar Norte, en una zona llamaga Kiwengwa, a 45 minutos en taxi desde el aeropuerto, lo que nos costaría la “módica suma” de 80 mil chelines tanzanos (unos 40 USD) y cuando llegamos al hostal y preguntamos por las “daladala” nos dijeron: “¡Esto es África! El transporte público es muy irregular, pueden pasar horas antes de que llegue una daladala, tendrán que pedir un taxi”.

El Baby Bush Lodge es un sitio muy agradable con unas vistas impresionantes del océano, pero para nuestra sorpresa (sí, otra más) estaba prácticamente vacío a excepción de 3 personas más que se iban al día siguiente.

Por: Mariana Orozco Blanco

Vista del océano Índico desde Baby Bush Lodge

Durante nuestro primer día en Kiwengwa decidimos ir a recorrer los alrededores, ir a la playa, encontrar un restaurante y almorzar a orillas del mar. No había absolutamente nada a 1 km a la redonda, solo pequeñas chozas de los nativos, que pasaban el mayor tiempo posible dentro de ellas bajo la sombra. Ni un restaurante, ni un café, ni un carrito sanduchero, ¡Nada! Empezamos a caminar por la playa y encontramos un único restaurante llamado Amor. Ahí empezamos a unir el rompecabezas: un sitio paradisíaco, alejado de todo, perfecto para relajarse, con un restaurante que se llama Amor: esta era la zona de la isla en donde venían las parejas en luna de miel. Como no había otras opciones a la vista, decidimos almorzar en Amor, donde se demoraron 2 horas para preparar dos platos y mientras esperábamos, Marina y yo nos entreteníamos tomando fotos a cualquiera que pasara y nos reíamos de nuestra situación ¿en dónde nos habíamos metido? Estabamos “atrapadas” en una isla paradisiaca, ¡Pobrecitas!

Por: Mariana Orozco Blanco

La “cárcel de playas” en las que estábamos “atrapadas”

Luego de almorzar decidimos caminar un poco más y descubrimos que no estábamos tan en medio de la nada. Encontramos el hotel Meliá un poco retirado de nuestro hostal, pero era un buen sitio para tomarnos un par de cocteles. Miramos a nuestro alrededor y confirmamos nuestra sospecha: ¡Honeymooners everywhere!

De regreso a Baby Bush preguntamos por las actividades que podíamos realizar en esta parte de la isla. Era imprescindible crear un plan de acción para no morir del aburrimiento ni tener que comer los próximos 2 días en Amor. Nos dijeron que podíamos a ir a hacer careteo en aguas cercanas a una isla llamada Mnemba por 25 USD, a lo que inmediatamente dijimos que sí y reservamos para ir al día siguiente. También nos ofrecieron el tour de delfines, para observar a estos animales en su hábitat natural pero esa actividad costaba 75 USD y nuestras finanzas estaban un poco resentidas así que que decidimos no hacerlo. Esto fue un golpe bajo para Marina porque desde el momento en que optamos por ir a Zanzíbar, ver a sus animales favoritos en el mar había sido su sueño y por desgracia ninguna de las dos podía darse el lujo.

Mnemba es una isla super exclusiva, quedarse allí es extremadamente costoso y uno solo puede acercarse hasta cierto punto, su fama se debe a que se ha ido convirtiendo en el destino de careteo y buceo preferido por los turistas que visitan Zanzíbar por su abundante vida marina y arrecifes coralinos. A nosotras nos encantó ver toda la belleza que esconde el Índico y además Marina se llevó una sorpresa enorme cuando vimos 4 delfines nadando y saltando muy cerca de nuestra barca ¡Ya se imaginarán lo conmovida que estaba por su encuentro con estos agradables animalitos!

Por: Mariana Orozco Blanco

El sueño de Marina hecho realidad.

De regreso a Zanzíbar la barca nos dejó frente al Hotel Seles Bungalows, ubicado en la costa norte que era donde organizaban la actividad de careteo y donde debíamos pagar los 25 USD. Aprovechamos para ver la carta y nos alegramos mucho de no tener que regresar a Amor para almorzar ese día; de hecho nos pareció un sitio tan agradable que decidimos pasar la tarde en la playa al frente del hotel. También era mucho más concurrido que Baby Bush, esta vez había familias en vez de solo parejitas. Regresamos a nuestro hostal exhaustas y nos dormimos felices porque ya habíamos hecho reserva para irnos al día siguiente al hotel Princess Salme Inn en Stone Town.

Por: Mariana Orozco Blanco

Vista de Stone Town

El Princess Salme Inn queda cerca al puerto y al mercado, es un lugar muy afable y bastante económico comparado con la mayoría de hoteles que quedan dentro de Stone Town. Salme fue una princesa de Zanzíbar y Omán entre 1844 y 1866, cuando quedó embarazada de un comerciante alemán, se fue a vivir a Alemania y cambió su nombre a Emily Ruete. Se volvió famosa después de la publicación de los libros Memorias de una princesa árabe y Una princesa árabe entre dos mundos.

Stone Town significa “ciudad de piedra” y se llama así porque sus casas se construían en piedra coralina. Se ubica en la costa oeste y tiene una gran importancia histórica, siempre ha sido la capital de Zanzíbar, incluso cuando el archipiélago era protectorado británico. Los primeros en ocupar la isla fueron los portugueses, quienes se mantuvieron allí por más o menos 200 años hasta 1698. En ese año el Sultanato de Omán empezó a ejercer control sobre Zanzíbar y estableció un economía basada en el comercio. Se estima que las primeras casas de piedra se construyeron alrededor de 1830 y en 1840 el sultán movió su trono de la ciudad de Muscat, capital de Omán, a Stone Town, lo que le dio un importante impulso a la economía, reflejado en la disposición laberíntica de las calles, que se debe precisamente a que este sector de la isla se desarrolló más durante la presencia árabe. El comercio de especias y esclavos fue la principal actividad económica durante todo el siglo, la isla se volvió famosa gracias a esto y se convirtió en refugio de comunidades migrantes de medio y lejano oriente. En 1856 el sultán murió y en 1860 sus hijos, hermanos de la princesa Salme, entraron en conflicto por la sucesión del poder; el sultanato se separó, dejando a Zanzíbar como un sultanato independiente con Stone Town como capital.

El comercio de esclavos y especias continuó siendo la actividad económica más exitosa y Stone Town llegó a tener el mercado de esclavos más grande de África del este. En 1873 se firmó un tratado entre Gran Bretaña, Zanzíbar y Madagascar para prohibir la venta esclavos y se cerró oficialmente el mercado pero los comerciantes se volvieron traficantes y siguieron ejecutando su negocio de manera ilegal. En ese año un obispo anglicano llamado Edward Steere, inició la construcción de la catedral anglicana “Iglesia de Cristo” para celebrar el fin de la esclavitud. La catedral se terminó en 1903 y está construida con piedra coralina, el altar mayor se ubica en el punto donde solían azotar a los esclavos. En la plaza de la catedral, también se construyó un monumento.

Este es uno de los lugares que sin duda deben visitar, no les tomará mucho tiempo y la entrada solo cuesta 7000 TzSh (4 USD) y aunque algunos de los relatos de los guías pueden estar distorsionados (¡seguro que sí!), vale la pena conocer conocer la historia de la esclavitud en esta parte del mundo.

Por: Mariana Orozco Blanco

Catedral anglicana “Iglesia de Cristo”

La independencia del Sultanato de Zanzíbar duró hasta 1890, cuando se convirtió en protectorado británico con la firma del tratado de Heligoland-Zanzíbar, por medio del cual Gran Bretaña y Alemania se repartieron territorios del continente africano. Seis años después ocurrió lo que se conoce como la guerra más corta de la historia; El sultán de turno se rebeló contra el gobierno británico pero 45 minutos después, se vio obligado a rendirse ante un bombardeo de la Royal Navy. En 1897 la esclavitud fue oficialmente abolida en Zanzíbar.

Por: Mariana Orozco Blanco

Monumento a los esclavos

Gran Bretaña le otorgó la independencia a Zanzíbar el 10 de diciembre de 1963. Treinta y tres días después, el sultán y el gobierno electo democráticamente, fueron derrocados por John Okello, un ugandés que lideró la Revolución de Zanzíbar y que terminó con la creación de la República del Pueblo de Zanzíbar y Pemba. El 26 de abril de 1964, la recién creada República, se unió en un solo país con Tanganica, como se conocía antes a la región continental de la actual Tanzania.

Durante nuestro primer día en Stone Town, Marina y yo decidimos ir a perdernos por las curiosas callecitas, llenas de tiendas de artesanías, antigüedades, joyerías, ropa y hasta librerías, cafés, restaurantes y hoteles. Más de uno de éstos lugares ostentaba el nombre de Freddie Mercury.

Por: Mariana Orozco Blanco

Calles comerciales en Stone Town

A pesar de parecer pasillos laberínticos, cualquier camino que uno escoja, en algún momento lo llevará al Seafront, la calle más amplia que hay en la ciudad (la única por donde pueden circular carros) y que además es la que bordea la costa.

Por: Mariana Orozco Blanco

Seafront – Calle principal de Stone Town

La ciudad vieja tiene ese encanto que sólo se encuentra en lugares que tienen una historia tan rica y tan diversa como Cartagena y otras ciudades coloniales del Caribe. De hecho para mí, como colombiana, era imposible no compararla con la joya de la corona turística del país del divino niño. Inflaba pecho contándole a Marina cómo los edificios de Cartagena están mucho mejor conservados que los de Stone Town, y es que con tristeza nos dimos cuenta que los conceptos de restauración y convervación apenas empiezan a dar sus primeros pasitos en Zanzíbar. Muchas edificaciones se ven derruidas, abandonadas, incluso algunas a punto de caerse, a excepción claro está, de los super hoteles cinco estrellas, que no son pocos. Sin embargo, los zanzíbareños parece que ya han tomado conciencia de la importancia de conservar la historia de su ciudad a través de su arquitectura. La Casa de las Maravillas –Beit-el-Ajab– por ejemplo, se encontraba en restauración durante nuestra visita y aunque fue aburridor no poderla visitar, me alegró mucho saber que sí se están haciendo esfuerzos para mejorar en este aspecto; eso sí “pole-pole”, como esto es África, vamos lento pero seguro. Este edificio se ha estado restaurando por más de 1 año y medio…

El Beit-el-Ajab está ubicado al lado de el Viejo Fuerte, justo sobre el Seafront. Es el edificio más grande y alto de Stone Town y fue uno de los seis palacios construidos en la década de 1880 por el Sultán Barghash Bin Said, hermano de la Princesa Salme. Su nombre “Casa de las Maravillas” se debe a que el edificio fue el primero en contar con electricidad en la isla y el primero en tener un ascensor en África del este. Una torre del reloj, añadida al edificio en 1897, se puede ver desde cualquier punto de la ciudad.

Por: Mariana Orozco Blanco

La Casa de las Maravillas con su torre del reloj

El Viejo Fuerte, en cambio, sí lo pudimos visitar. Pero aparte de la antigua muralla no hay mucho más que ver, a menos que se esté llevando a cabo algún evento cultural importante; este es el escenario principal de conciertos y festivales de cine, gracias a la adaptación que se le hizo al patio para convertirlo en un anfiteatro al aire libre, lugar que debo admitir, con toda la vergüenza del mundo, jamás vi. Las que sí eran muy visibles eran las decenas de tiendas de artesanías que le daban un poco de vida al lugar durante nuestra visita. Todavía no sé si fue poca accesibilidad, poca información o falta de curiosidad de mi parte, pero de no ser por las fotos que vi de otras personas, jamás me hubiera enterado que allí había un anfiteatro. Al parecer se oculta detrás de un restaurante (tal vez es el gancho para que los turistas comamos allí), así que ya saben, ¡A descubrir el anfiteatro escondido!

Por: Mariana Orozco Blanco

Mi Viejo Fuerte aburrido sin anfiteatro

. Foto tomada de http://www.expat-blog.com/en/picture/46886-amphitheater-near-the-old-arab-fort-stone-town.php

El anfiteatro escondido

 

Estos dos sitios de interés turístico se ubican frente a los Jardines Forodhani, que eran los antiguos jardines de los Sultanes Omaníes y actualmente son un parque muy agradable en donde podrán encontrar cafés, heladerías y pequeños restaurantes. Empezando la tarde, decenas de puestecitos de comida swahili y zanzibareña se instalan en el parque y son el motivo de reunión tanto para turistas como para locales.

Como el Beit-el-Ajab y el Viejo Fuerte, hay muchos otros edificios icónicos en Stone Town que si son amantes aférrimos de la historia y tienen tiempo, sin duda, deben visitar. El Antiguo Dispensario, el Palacio Museo, los Baños Persas Hamamni y las mezquitas Malindi y Aga Khan son los edificios históricos más representativos de la ciudad.

Al día siguiente, decidimos ir a la Isla Changuu o Isla Prisión, que además de ser históricamente importante, también es popular por sus tortugas gigantes. Está ubicada al noroeste de Stone Town a 5.6 kilómetros, unos 15 minutos de recorrido en lancha.

Changuu es un pez que vive en las aguas aledañas a la isla, que fue utilizada como prisión para los esclavos rebeldes en 1860 y en 1893, el gobierno británico construyó una cárcel que jamás alojó prisioneros; en cambio se utilizó como estación de cuarentena para los casos de fiebre amarilla, de las colonias británicas de África del este. Los dos nombres que se le dan a la isla provienen de esos dos hechos. Hoy en día las instalaciones de la cárcel son utilizadas como hotel de lujo.

Por: Mariana Orozco Blanco

Isla Changuu o Isla Prisión

En 1919, el primer ministro británico de las islas Seychelles, envió 4 totugas gigantes como regalo. Las tortugas se reprodujeron rápidamente y treinta años después se estimaba que había en la isla alrededor de unos 200 ejemplares. Hoy en día sin embargo, la especie es considerada vulnerable por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, ya que los traficantes sacaban las tortugas para venderlas como mascotas ocasionado que en 1996 solo quedaran 7. En ese mismo año, el gobierno de Zanzíbar repopuló la isla con 80 tortugas bebés pero solo la mitad sobrevivió. Actualmente, gracias a los esfuerzos de conservación hay alrededor de 150 tortugas gigantes en la Isla Changuu.

Por: Mariana Orozco Blanco

Tortugas gigantes

La visita a la Isla Prisión no le llevará más de medio día y tiene un costo por persona de 12 USD que incluye el transporte en lancha hasta la isla, la entrada y equipo de careteo. En resorts 5 estrellas puede llegar a costar hasta 40 USD por persona, así que si quiere quedarse en uno de ellos, sería bueno hablar con guías locales que seguro alguno le dará un mejor precio.

Al día siguiente, nos fuimos a un Tour de Especias. A pesar de que el nombre no era del todo atractivo para nosotras, habíamos leido tanto al respecto y nos lo ofrecieron tantas veces, que pensamos que algo debía tener. Llegamos al punto de encuentro y nos fuimos en una van llena de turistas de todas partes, en su mayoría parejas.

La historia de las especias de Zanzíbar inicia en 1819 con la intruducción de cultivos de clavos, que gracias al clima tropical y la fertilidad de las tierras de la isla tuvieron gran éxito. Zanzíbar se convirtió en el mayor productor de clavos en el mundo y con el tiempo se empezaron a cultivar en la todas las islas del archipiélago otras especias como comino, canela, jengibre, pimienta y cardamomo y algunas frutas como el cacao y la chirimoya que allá se llama Jack Fruit.

Por: Mariana Orozco Blanco

Fruto exótico

Su guía les contará la historia mucho más detallada y lo hará provar, una a una las especias. Además, será perseguido por muchachos entusiastas que le harán sombreritos y toda clase de joyería con una hoja de plátano para luego pedir una propina, claro está. Al final yo quedé con la sensación de que hubiera preferido dejarme llevar por mi instinto y no ir a este tour de las especias porque realmente no me interesaba para nada el tema. De hecho, no soy muy fanática de las comidas muy condimentadas, pero recordé el gusto de Rosemary por ellas y aproveché para comprarle algunas. Mi consejo es que si está corto de tiempo, mejor dedíquelo a otra actividad.

Lo único divertido del paseo de especias fue conocer a Óscar, un catalán completamente loco que estaba dándole la vuelta al mundo en bicicleta y que se sintió muy aliviado de poder hablar español con Marina y conmigo.

Por: Mariana Orozco Blanco

Especias a la venta

Luego del tour nos fuimos a tomar una cerveza con él y nos contó todas las maromas que ha hecho, desde que emprendió el viaje desde Cape Town ¿Su destino final? Nueva Zelanda. Sus aventuras las pueden leer en http://lacanciondelnomada.blogspot.com . Conocer a personas como Óscar, con tantas cosas inverosímiles que contar, es una de las experiencias que solo pueden tenerse cuando se viaja a lugares que nunca pudieron imaginar y que lo hacen a uno darse cuenta que ¡no se está tan loco como piensa la gente, siempre hay alguien más loco que uno!

Por: amigo africano

Cervezas con Óscar

Al día siguiente, tomamos un ferry hacia Dar es Salaam, la capital económica y ciudad más grande de Tanzania, en donde nos esperaba Juan Sebastián, un amigo colombiano que llevaba unos meses viviendo en Dar y nos invitó a pasar unos días con él.

El pasaje en ferry desde Zanzíbar a Dar cuesta 60.000 Tsh, unos 30 USD y toma 3 horas cruzar el Canal de Zanzíbar, esa parte de océano que las separa. Ese es un transporte que a diferencia de las “daladala” de la isla, funciona a la perfección y con toda la regularidad del caso. Hay 4 frecuencias diarias del ferry rápido y 2 nocturnas de ferry lento.

Por: Mariana Orozco Blanco

Ferry estacionado en el puerto de Zanzíbar

Dar es Salaam se ubica en lo que era una villa de pescadores en el siglo XIX y a mediados de la década de 1880 el sultán de Zanzíbar inició la construcción de una nueva ciudad a la que llamó “Casa de paz” – Dar es Salaam – . El 1887 el gobierno alemán dispuso esta nueva ciudad como centro de sus operaciones colonialistas en el este de África, impulsando su desarrollo. Después de la I Guerra Mundial, los territorios de Alemania en esta parte del continente pasaron a ser propiedad británica bajo el nombre de Tanganica con Dar es Salaam como capital. Después de la independencia y de la unión de Tanganica y Zanzíbar, Dar siguió siendo capital hasta 1973 cuando se decidió que Dodoma, por su ubicación central, debía convertirse en capital. A la fecha, 40 años después, el proceso de traslado no se ha completado… ¡Esto es Africa!

Dar es Salaam tiene a mi parecer, el mismo valor turístico que Nairobi. En la ciudad como tal habrá muchos edificios gubernamentales importantes y cosas relacionadas con el desarrollo económico, pero no son la razón por la que uno va a África. También cumple su papel como punto de encuentro de turistas que van de safari a algún otro lugar y de voluntarios que trabajan en ONGs locales, pero dentro de la ciudad el atractivo turístico es escaso, tanto que no sentí la necesidad de sacar mi cámara ni una sola vez. Eso sí, hay hoteles hermosísimos, restaurantes espectaculares con vista al mar, bares, centros comerciales, se nota que hay mucho dinero. Ver ese desarrollo es como salir a tomar aire fresco, darse cuenta que no todo es pobreza absoluta en África y que lejos de lo turístico hay una economía que se mueve alrededor de otras industrias.

Foto tomada de http://www.bestnortherntours.com/index.php/itineraries/view/dar-es-salaam_tours_and_attractions/

Dar es Salaam

Luego de 3 días de disfrutar los placeres del desarrollo en Dar es Salaam y tomar grandes cantidades de vino en una de las fiestas de Halloween más raras de mi vida, tuvimos que tomar ferry, avión, daladala y tuctuc para regresar Nakuru, todo en un mismo día y en un estado de guayabo avanzado ¡Algo para no olvidar jamás!

Mi regreso a Tanzania fue un mes después. Marina ya se había ido de Kenia y después de un ir y venir de varios voluntarios en casa de Rosemary, quedábamos solo Larissa y yo. Larissa era una chica de Portland, Estados Unidos que hacía su voluntariado en el hospital y que se quedaba en Nakuru hasta la misma fecha que yo. Para nuestro último fin de semana juntas en África, decidimos ir al Monte Kilimanjaro.

El Kilimanjaro es el sistema montañoso más alto de África y está formado por 3 volcanes inactivos, el Shira, el Mawnzi y el Uhuru que es el más alto con 5891,8 msnm. La montaña goza de nieves perpetuas, aunque en los últimos años se han visto reducidas en área, por el aumento de la actividad humana en la zona y por el calentamiento global. Tribus como los Maasai, se han establecido en las faldas de el monte y debido a sus cultivos y ganadería, le han ido quitando área a los bosques, influenciando los ciclos naturales en el Kilimanjaro.

Tomada de google images

Monte Kilimanjaro: Expectativa

Planeamos todo muy meticulosamente para ir por tierra y gastar lo menos posible. La ruta sería Nakuru-Nairobi-Arusha-Moshi. El recorrido de Nakuru a Nairobi lo haríamos como siempre, en un microbus de la empresa Molo Line, de Nairobi a Arusha serían 8 horas y para esta parte del trayecto escogimos una empresa que encontramos en internet y que ofrecía el servicio por 50 USD ida y vuelta, www.nairobiarushashuttle.com . Fue así como conocimos a Dismas, el hombre keniano más insistente de todos los tiempos. A la fecha, casi un año después de mi viaje, me sigue escribiendo correos preguntando cómo estoy. Yo llevo la misma cantidad de tiempo sin responderle. En el momento sin embargo, esa intensidad e insistencia fue muy alentadora, sabíamos que estábamos en buenas manos porque durante el viaje Nakuru-Nairobi no paró de llamarnos a ver si ya habíamos llegado, nos esperó con un paraguas y nos dio miles de números para comunicarnos en caso de que sucediera algo inesperado.

Ese algo inesperado…sucedió. Larissa y yo estábamos convencidas que la visa de entrada a Tanzania costaba 50 USD, yo había pagado eso en Zanzíbar por la mía y afortunadamente tenía vigencia de 3 meses, pero en la ventanilla le dijeron a Larissa que eran 100 USD. Cuando intentamos explicarle que yo había pagado 50 por la mía, me dijeron: sí, usted es colombiana, usted paga solo 50, pero ella es americana, ella paga 100. ¿WHAT? Ha sido de las pocas veces que ser colombiana me ayuda con algo en una frontera, pero fue muy frustrante para Larissa. El funcionario nos explicó que hace unos años Estados Unidos y Tanzania llegaron a este acuerdo, no nos quedó muy claro el por qué, pero allí estaba, una clara lista de precios en donde los residentes de los Estados Unidos son los unicos que tienen que pagar 100 USD en vez de 50.

Larissa solo traía 50 USD en efectivo, el funcionario le mostró un cajero automático pero no funcionó para ninguna de las dos y empezamos a entrar en pánico. Yo empecé a contar todos los chelines tanzanos y kenianos que tenía y le pedí a Larissa que hiciera lo mismo. Y en un momento de lucidez me dí cuenta que juntando lo que teníamos en las 3 monedas era posible pagar por su visa y quedarnos con algo para el taxi a la llegada. Ahora teníamos que averiguar si se podía pagar en 3 monedas diferentes. La vida nos mostró una pequeña sonrisa y nos dejó pagar 50 usd, más 2.000 chelines kenianos, más 60.000 chelines tanzanos por una visa tanzana y continuar el viaje.

Por: Mariana Orozco Blanco

Oficina de Inmigración en la frontera

 

Llegamos a Arusha, la tercera ciudad más grande de Tanzania y tomamos un taxi hasta el Greenhouse Hostel, un hostal muy agradable pero bastante alejado de la ciudad. Allá nos encontramos con Juan Sebastián, quien había decidido acompañarnos y llegaba directamente desde Dar es Salaam. Dormimos muy bien hasta que otro “algo inesperado” pasó; me levanté vomitando a las 4 am y continué así por 6 horas sin poder parar. No podía retener ni el agua y ya me empezaba a deshidratar. Tenía que ir a una clínica a que me pararan el vómito y me dieran Pedialyte o cualquier cosa que se le pareciera pero no quería arruinar todo el viaje. Juan Sebastián y Larissa me convencieron de que entre más rápido fuera a la clínica, más rápido me curaría y podríamos continuar con nuestros planes.

Así lo hicimos, y después de 3 horas de exámenes, inyecciones y compra de medicinas, me dieron de alta. Tenía una infección bacteriana en los intestinos así que debía tomar antibióticos los siguientes días pero todo estaría bien, así que salimos de la clínica a buscar un “daladala” que nos llevara a Moshi. El recorrido dura más o menos una hora y media y se consiguen pasajes por 2000 Tsh, que vienen siendo 2000 pesos colombianos. Para mí fue una completa tortura pero sobreviví. Sin embargo, no creia que al día siguiente podría ir a subir la montaña más alta de África.

En Moshi, la población más cercana al Monte Kilimanjaro, tomamos un taxi para llegar al Babylon Lodge, el hotel que habíamos escogido y donde ofrecían un plan de un día en el Kilimanjaro con un costo de 135 USD por persona, todo incluido. Estuve en dieta líquida en lo que quedaba del día y crucé los dedos deseando amanecer en mejores condiciones para no perderme el plan. Afortunadamente me levanté con más fuerzas y pude desayunar sin problemas, así que decidí seguir hasta donde pudiera.

Tenía muchas ganas de tomar una foto del Kilimanjaro y en cambio me tocó conformarme con una foto del letrero, porque el tiempo nublado no me dejó ni entrever el endemoniado monte. Debo admitir que nuestro meticulosamente planeado viaje, fue todo un desastre.

Por: Mariana Orozco Blanco

Letrero a la entrada del parque

Personalmente no aconsejaría ir de trekking al Kilimanjaro solo por un fin de semana. No lo digo por lo mal que me fue, sino porque si de ir al Kilimanjaro se trata, hay que hacerlo al 100 y no conformarse con una miserable probadita. Yo lo hice porque pensé que valdría la pena solo por la foto, porque no tenía más tiempo y tampoco más dinero. Y es que el ascenso más fácil dura 5 días y no cuesta menos de 1500 USD, más el transporte hasta Moshi y los gastos varios que siempre aparecen. Si definitivamente no cuentan con los recursos, pero quieren ver la montaña, les auguro más suerte yendo al parque Amboseli en Kenia, pero con estos climas tropicales, nunca se sabe.

Por: Mariana Orozco Blanco

Monte Kilimanjaro: Realidad

Menos mal esos desastrosos viajes se convierten en divertidas anécdotas y aunque no conseguí nisiquiera la foto, de todo se aprende ¡Hakuna Matata!

No se pierdan el siguiente volúmen…

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