Ir al gimnasio no es suficiente para llegar a la cima

Por Mariana Orozco Blanco

Por: Mariana Orozco B.

¡Bienvenidos a El Cocuy!

Se debe tener muy buen estado físico – dijo el guía por teléfono.

No hay problema, yo voy una hora diaria al gimnasio y tengo buen estado físico- contesté yo.

Perfecto, nos vemos el viernes a las 7:00 p.m. en la terminal de transporte- dijo el guía.

Agarré la mochila muy confiada y, me fui a la terminal donde conocí a nuestro guía y a los que serían mis compañeros de viaje. Compré algo de comer para el camino y me subí al bus. Diez horas después, estaba en el municipio colombiano de El Cocuy en el departamento de Boyacá. Sí señores… yo subiría a la cima del majestuoso Nevado del Cocuy, y lo mejor ¡confiando en mi hora de gimnasio diaria!

El Cocuy está a 2750 msnm y, como la mayoría de pueblos de Boyacá, conserva su estilo colonial-republicano. La plaza principal tiene los elementos típicos de todas las plazas en Colombia: la iglesia, la alcaldía y la estación de policía. Pero, además, es el punto donde se recibe a los turistas.

En uno de los costados, hay un gran jardín que da la bienvenida y en medio de la plaza tienen una gran maqueta del nevado, con todos los picos y rutas marcadas. Es muy interesante ver toda esa geografía, 3.060 Km2 para ser exactos, a una escala en la que es posible asimilar la magnitud de todo el parque. El Nevado del Cocuy, a pesar de no ser el pico nevado más alto del país, sí es el que conserva el glaciar más grande y la mayor área de masa continua de nieve de Suramérica.

Por: Mariana Orozco B.

Maqueta del Nevado

Llama la atención que en los alrededores de la plaza, por orden del alcalde, todas las propiedades están pintadas de verde y de blanco. La única construcción que tiene un color diferente es la Catedral. Cuando pregunté por la preferencia de éstos dos colores, me dijeron que era por que hace más o menos 20 años, un alcalde decidió que todas las casas se pintaran de esos colores, tal vez para representar los picos de las montañas y su nieve, principal atractivo turístico de la región. Hasta el día de hoy sus habitantes ¡siguen haciendo caso a esta ley!

Por: Mariana Orozco B.

Catedral sobre uno de los costados de la plaza principal

Por: Mariana Orozco B.

Casas pintadas de verde y blanco

Cuando terminamos de recorrer la plaza, fuimos a la oficina de turismo, en donde recibimos todas las recomendaciones y pagamos la entrada al Parque Nacional Nevado del Cocuy. Luego nos subimos 7 personas, más el conductor, en un carro 4×4 que nos llevaría a 3000 msnm, a una de las posadas que hay para los turistas. En el camino de más o menos una hora, hicimos varias paradas para evitar el “soroche” o mal de alturas. La ruta que tomamos era la de subida hacia el Púlpito del Diablo, un punto a 5100 msnm en donde se llega al borde de la nieve, un recorrido “sencillo” y que se puede hacer en un solo día. Los valientes con 1 hora de gimnasio diaria, subiríamos 20 metros más, hasta el pico conocido como Pan de Azúcar.

Además del municipio de El Cocuy, hay otros dos lugares por donde se puede acceder al Parque Natural. Güicán en Boyacá, y Tame en Arauca. En cualquiera de las tres poblaciones encuentran oficinas de turismo, en donde obligatoriamente deben registrarse y pagar el acceso al parque. La elección depende de a qué punto se desea subir. Como les dije, la subida al Púlpito del Diablo es una de las más populares y a ella se accede por El Cocuy o por Güicán, subiendo hasta el “Alto de las Cuevas”. Allí pueden encontrar muchas posadas que ofrecen además de hospedaje y comida, el servicio de alquiler de caballos y de guías. Para los senderistas más “PRO”, están las rutas hasta los Ritacubas, que son los picos más altos del nevado (5330 msnm). A éstos pueden acceder desde Güicán y llegar a un punto conocido como “Kanwara”.

Por: Mariana Orozco B.

Ritacuba Blanco 5330 msnm

Finalmente, llegamos a las Cabañas del Púlpito, en el “Alto de las Cuevas”, en donde nos esperaba un buen “caldo de algo” para calentarnos, acompañado de lo que yo decidí llamar “pan congelado” porque estaba más duro que las piedras. La posada tenía dos construcciones de madera, una con 6 habitaciones repletas de camarotes y otra en donde estaba la los baños, la cocina y el comedor.

Además, había mucho espacio para campistas, que dadas las condiciones climáticas, es poco apetecido. La vista desde éste punto es espectacular, se pueden observar perfectamente los dos Ritacubas (blanco y negro)

Por: Mariana Orozco B.

Cabañas del Púlpito

Por: Mariana Orozco B.

Cabañas del Púlpito con vista hacia el Nevado

Luego de escoger o más bien pelear por nuestras camas dentro de las habitaciones, salimos acompañados por nuestro guía a hacer un recorrido que nos ayudara a adaptar nuestro cuerpo a la altura, durante este recorrido podrán ver el magnífico paisaje de páramo y podrán apreciar perfectamente el nevado.

El paisaje paramero es rico en frailejones, una especie de planta que crece en los páramos colombianos, venezolanos y ecuatorianos, y son de vital importancia para el ecosistema ya que absorben agua del ambiente y la fijan al suelo.

Los frailejones pueden alcanzar los 3 metros de altura, y en promedio crecen 1 centímetro por año. Por desgracia, el frailejón se ha convertido en una especia en riesgo, ya que la constante deforestación para otros cultivos lo ha hecho vulnerable. En Colombia se ha venido adelantando en los últimos años un sistema de protección para éstos ecosistemas, buscando preservar los páramos y los recursos hídricos del país.

Por: Mariana Orozco B.

Frailejones adultos

Por: Mariana Orozco B.

Frailejones bebés

El recorrido de ida fue fácil, pero el regreso era de subida y uno empieza a sentir la falta de oxígeno a ésta altura. Ahí comenzó mi preocupación, pero todavía me sentía muy confiada de alcanzar el Pan de azúcar.

Al regresar al campamento fuimos testigos de un espectacular atardecer, en el majestuoso Nevado del Cocuy, y empezamos a sentir cómo muy rápidamente, a falta de sol la temperatura baja, obligándonos a entrar al comedor en busca de algo caliente.

Por: Mariana Orozco B.

Atardecer en el Nevado del Cocuy

Luego de comer y ponernos de acuerdo con la hora a la que debíamos estar despiertos, nos fuimos a dormir debajo de todas las cobijas que nos fue posible conseguir y descansamos, preparándonos para el día en que subiríamos al Nevado del Cocuy.

Igual de espectacular fue el amanecer sobre las nieves perpetuas. El sol empieza a extenderse sobre las montañas, como despertándolas.

Por: Mariana Orozco B.

Amanecer sobre el Nevado del Cocuy

Después de madrugar, me puse la ropa (¡ni sueñen con bañarse en ese frío tan tenaz!) y fui a tomarme mi “caldo de algo” con “pan congelado”. El guía recomendó que comiéramos huevos para darnos energía, pero sólo me pude comer dos bocados antes que quedaran ¡igual de fríos al pan!

A la salida de las cabañas, nos esperaban los caballos que nos llevarían hasta la mitad del trayecto, son alrededor de 3 horas a caballo, desde el Alto de las Cuevas hasta el “Hotelito”, en donde inicia el recorrido a pie. De allí hasta el Púlpito del Diablo, son otras tres horas a un paso no tan apresurado.

Por: Mariana Orozco Blanco

Los caballos se quedan descansando, mientras que nosotros seguimos.

Por: Mariana Orozco B.

Inicio de la caminata

Durante el recorrido a caballo, pueden observase muchos paisajes que lo dejarán sin habla. El sector conocido como Lagunillas es uno de los más fotogénicos, precisamente porque hay 4 lagunas de agua pura, originada por los glaciares. Las lagunas son alimentadas por el río Lagunillas. La primera que encontrarán durante el ascenso, es “La Pintada”, que algunos consideran como la más hermosa, por los colores que se observan.

Por: Mariana Orozco B.

Rio Lagunillas

Por: Mariana Orozco B.

“La Pintada”

Cuando empezó el ascenso fuerte ¡el oxígeno se rehusaba a entrar a mi cuerpo! ¡Caray! ¿qué pasó con el gimnasio? No lo podía creer, no había subido ni la quinta parte del recorrido a pie cuando le informé a mi guía que no podría llegar al Pan de Azúcar, que me quedaría con los otros compañeros que sólo llegarían al Púlpito del Diablo. Mi guía intentó animarme, pero cuando notó mi dificultad para respirar, entendió y se adelantó con los otros dos que planeaban llegar a la cumbre.

Por: Mariana Orozco B.

Primer ascenso

Empecé a subir con paso lento pero firme, intentando de todas las formas que el oxígeno llegara a mis pulmones, pero debo admitir que ha sido de las cosas más difíciles que he hecho. Respiraba pero no sentía que me entraba el aire, que además me helaba la boca y la nariz. Poco a poco fui estabilizando la respiración, preguntándome cuándo se asomaría la nieve, eso me daría ánimos para continuar. Y llegó la imagen tan anhelada, al fondo pude ver la nieve, que aunque no era la primera vez que la veía, sí era la primera vez que lo hacía en mi país.

Por: Mariana Orozco B.

Primera visual del Pan de Azúcar

Muerta de frío y con las piernas temblándome, seguí subiendo. Ya por lo menos veía la meta. Hice varias paradas, porque a pesar de que lo veía, todavía me faltaba por lo menos 1 hora de camino, pero una vez llegué, me enloquecí tomando fotos. A la nieve, al río congelado, a los paisajes, a la gente, en fin, no quería que se me quedara por fuera ningún detalle.

Es bastante emocionante llegar a las nieves del Nevado del Cocuy, llena de orgullo saber que tenemos paisajes como éstos en nuestra patria, haber sufrido tanto la subida para llegar y contemplar una montaña vestida de blanco, besando un cielo totalmente azul, sin una nube, como para que nadie las confunda con la nieve.

Por: Mariana Orozco B.

Rio congelado

Después de terminar la respectiva sesión de fotos (que fue bastante extensa), mis compañeros de aventura y yo, buscamos un hueco entre las piedras, en donde no corriera tanto viento, para poder echarnos a descansar. Pero la verdad yo ya no veía la hora de emprender la bajada. Estaba muerta de frío, y para completar, me había caído en la nieve ocasionando que la ropa se me llenara de hielo, que obviamente, ¡estaba en el proceso de derretirse!

Por: Mariana Orozco B.

Yo, feliz de haber llegado al Púlpito del Diablo

Una vez retomamos el aliento, empezamos a bajar. Hay que ser muy cuidadosos porque hay puntos bastante empinados y más de uno se deslizó por entre las piedras. Mis piernas ya no me pertenecían. Me temblaban sin tregua, amenazando con dejarme caer en cualquier momento. Afortunadamente no lo hicieron y me permitieron llegar al lugar donde habíamos dejado los caballos.

Me eché encima de ese animal como pude. Me dolía absolutamente todo, y el famoso “mal de altura” o “soroche” empezó a manifestarse. Menos mal fue durante la bajada y no durante la subida, porque de haber sido diferente, mi ego hubiera quedado por el suelo, enterrado debajo de alguna caca del caballo que llevaba mi cuerpo destruido hacia la cabaña. Fue un recorrido tortuoso de regreso. Sentía que la cabeza me estallaría y unas nauseas terribles empezaban a manifestarse.

Pero finalmente llegué, me tomé dos pastillas para el dolor y los demás síntomas empezaron a desaparecer poco a poco, mientras veía las fotos de mi aventura. A pesar de todo el sufrimiento, valió muchísimo la pena. Eso sí, si no son unos deportistas experimentados y con físico envidiable, NI SE LES OCURRA pensar que van a llegar a la cumbre. A menos que hagan lo de otros viajeros: Ir a paso más lento y acampar una noche a medio camino, ya sea de ida o de regreso. De otra manera no les auguro mucha suerte. De todas formas, haber llegado al borde de nieve resultó muy gratificante, no todo mundo puede decir que llegó a 5100 msnm en un sólo día.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s