Detrás de cámaras de una aventura warrior

Un día antes de salir, la empresa con la que íbamos para San Agustín, Huila canceló el paseo. Mariana, la Mexi, me llamó bravísima a decirme que era la ¡tercera vez que le hacían eso! Yo no había leído el correo, pero inmediatamente miré con rabia mí celular y efectivamente leí la desastrosa noticia:

“Buenas tardes, respecto a la salida al Plan Huila programada para del 16 al 19 de Abril, les informamos que debido a una cancelación por razones de fuerza mayor de última hora nos vemos obligados a anular dicha salida”.

Por: Javier Andrés Escobar G.

Estatua que recibe a los visitantes en la Mesita A del Parque Arqueológico

En ese momento sentí mucha desilusión, además de ganas de insultar a medio mundo en la empresa, claro está. Pero, ya más calmados, pensamos bien las cosas y decidimos que nos íbamos a ir. Este iba a ser un plan warrior.

La Mexi empezó a llamar a hoteles y hostales pero no encontró nada. Como sabíamos que íbamos a acampar por una noche, en el plan que nos habían ofrecido en la empresa, decidimos que ya no sería una noche ¡sino todas! La verdad yo siempre tuve carpa cuando estaba pequeño, pero para el patio de la casa o la finca y la Mexi había tenido una mala experiencia con una en un paseo anterior. Dos ignorantes en el tema del camping se entraban en un terreno totalmente desconocido.

¿Carpa? ¡No teníamos! Así que lo primero que hicimos fue correr a comprar una. La verdad, fuimos un poco exagerados y compramos una para ¡cinco personas! Pero en las cajas no había mucha diferencia entre la de cinco y la de tres y en el precio tampoco. Algo que también compramos fue una linterna, que resultó ser de la mayor utilidad.

Al día siguiente, muy madrugados nos levantamos y nos fuimos para la terminal de transporte donde habíamos reservado nuestro cupo para la capital del Huila: Neiva (o como es conocida en el bajo mundo, Neiva York). Generalmente la duración de este recorrido es de máximo cinco horas pero por la congestión nos demoramos casi siete.

Una vez en Neiva, ciudad que yo ya conocía gracias a las magníficas fiestas de San Pedro a las que me “había pegado la rodadita”, tomamos otro bus con destino a la ciudad de Pitalito. Con gran sorpresa vimos que el estado de las carreteras del departamento del Huila es bastante bueno. Además, al pasar por El Hobo, Gigante y Garzón nos dimos cuenta que son municipios pujantes y bastante organizados.

Por: Javier Andrés Escobar G.

Terminal de Transportes en Neiva

Pitalito, es otro cuento. Es la segunda ciudad más grande e importante de la región y está sorprendentemente en excelente camino hacia el desarrollo. No se puede olvidar que este municipio está ubicado estratégicamente cerca de Popayán, Cauca; Florencia, Caquetá y Mocoa, Putumayo. Es una de las ciudades que conecta el sur del país con el ‘interior’ y probablemente en un futuro será un centro vital de apoyo para el progreso de todo ese país olvidado.

De Neiva a Pitalito fueron alrededor de cuatro horas, pero también se puede hacer en mucho menos tiempo si no hay congestión. Allí, finalmente para llegar a San Agustín, Huila nos montamos en una pick up que en menos de 45 minutos nos llevó hasta la meta.

Por: Javier Andrés Escobar G.

Pick up Pitalito- San Agustín

Por: Javier Andrés Escobar G.

Pick up San Agustín- Pitalito

San Agustín, Huila

¡San Agustín tiene una atmósfera maravillosa! Lleno de gente en las calles, artesanías, música andina, música llanera, extranjeros y todo dentro de una arquitectura que aún tiene muchos rasgos coloniales y campesinos. No es raro encontrarse en una esquina aún la típica tienda de abarrotes con sus estanterías en madera o la zapatería artesanal, como tampoco se extrañen si se encuentran con un restaurante de kebabs de una francesa. Caminando estas calles fue como finalmente llegamos hasta las afueras del pueblo a nuestra zona de camping: Gamcelat. Cuando entramos ya se estaba haciendo de noche por lo que nos apresuramos a buscar un lugar para empezar con nuestro trabajo de ingeniería pura, armar la carpa.

Por: Javier Andrés Escobar G.

Camping Gamcelat- San Agustín, Huila

Esteban, un hombre bonachón de gorra azul, nos señaló el lugar lleno de carpas y nos dijo: acomódense donde quepan. La Mexi y yo buscamos el mejor lugar que pudimos y descargamos todo nuestro equipaje. Cuando sacamos la carpa de la caja ¡No tenía instrucciones! Empezamos a armarla y todo lo fuimos descifrando poco a poco hasta que llegamos a la sobre-carpa, nos sobraban dos palos que no teníamos idea dónde poner. La Mexi se desesperó, pero yo seguí ‘cacharreando’ mientras ella apuntaba con la linterna para darme luz. Finalmente, los palos sostenían la parte de arriba de la sobre-carpa para darle caída al agua en caso de lluvia.

¡Nuestra carpa estaba en pie! Cuando ya la vimos armada nos dimos cuenta que habíamos sido un poco exagerados y teníamos la carpa más alta y grande de casi todo el campamento, la diferencia de las otras de igual tamaño era que había más de dos inquilinos en ellas ¡jajaja!

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Camping Gamcelat, encuentren la carpa más alta !Jajaja!

Ya teniendo el techo asegurado nos fuimos a recorrer San Agustín. Allá podrán encontrar todo lo que necesiten supermercados, restaurantes, cajeros automáticos. Además, si están perdidos en qué hacer hay varios puntos de información turística que les resolverán sus problemas.

Por: Javier Andrés Escobar G.

Grupos de música andina en las calles

Por: Javier Andrés Escobar G.

Tienda de abarrotes, atendida por su propietario.

Por: Javier Andrés Escobar G.

Otra tienda de esquina

Por: Javier Andrés Escobar G.

Balcón colonial

Por: Javier Andrés Escobar G.

El último modelo

Finalmente, ya cansados de todo un largo día de trajín, nos devolvimos al campamento y entramos a nuestra mansión. A media noche empezó a caer un aguacero ¡impresionante! La Mexi solo pensaba en que menos mal habíamos terminado de armar bien la carpa, pues sin la sobre-carpa probablemente hubiéramos tenido que repetir ropa todos los días de lo inundados que hubiéramos quedado.

Muy temprano al día siguiente me levanté a bañarme, pero ¡oh sorpresa! Ya había fila para los oscuros cubículos de baño. Me acerqué a Esteban a preguntarle si tenía una ducha extra por la que pudiera pagarle y él me dijo que no y me señaló lo que la Mexi después bautizó como la “ducha erótica”, por estar casi al aire libre.

Por: Javier Andrés Escobar G.

La ducha erótica

La ducha está en las afueras de la zona de camping y está hecha de esteras de guadua, y pues la verdad yo por no hacer esa fila y utilizar esos baños me le medí al exhibicionismo ¡jajaja! Y tomé una de las más particulares duchas de mi vida. Eso sí, el chorro del agua inigualable.

El clima en San Agustín tiende a ser templado, ni muy caliente ni muy frío. Ese día estaba bastante fresco, por eso nos abrigamos, desayunamos un de vista poco provocativo tamal, que de sabor estaba ¡delicioso! y emprendimos nuestra caminata hacia el principal objetivo del paseo: el Parque Arqueológico Nacional San Agustín e Isnos. Sí, señoras y señores, el parque está dividido en dos municipios. La parte principal del parque se encuentra en San Agustín y la otra parte en San José de Isnos que es un municipio ubicado en la vía a Popayán.

Por: Javier Andrés Escobar G.

Tamal, nada provocativo… pero estaba !rico!

El mejor consejo que les puedo dar es que madruguen al parque, pues en temporada se forman largas filas para entrar. Ya adentro lo primero que le entregan a uno es un pasaporte que certifica que uno estuvo en el Parque, en ese momento la Mexi y yo sentimos que ¡habíamos llegado a la meta!

Por: Javier Andrés Escobar G.

¡Felices con los pasaportes del Parque!

En el mismo instante en que se inicia el camino por los senderos rodeados de bosques de guadua y espesa vegetación, se empiezan a escuchar el sonido que emiten las guacharacas, no el instrumento sino el animal. Esto hace que uno se sienta verdaderamente rodeado de selva. Después de caminar unos cuantos metros está la Mesita A donde los recibirán las primeras esculturas, después vienen las Mesitas B y C. En ellas ustedes podrán encontrar diferentes estatuas y sarcófagos de un periodo entre los años 1 a 900 D.C. Todas estas esculturas se encuentran bajo techo y con unas barreras hechas en guadua que van a tono con el ambiente natural y de paz que se respira en este sitio.

Por: Javier Andrés Escobar G.

Sendero de entrada al Parque Arqueológico

Por: Javier Andrés Escobar G.

Escultura de entrada en la Mesita A

El Águila, el templo de la muerte, la partera, la deidad solar y el templo de la maternidad, son algunas de las esculturas que hay en este mágico lugar rodeado de arrayanes y, que son muestra ¨de un testimonio de espiritualidad labrado por un pueblo que supo consagrar sobre la roca el amor, la muerte y el cuerpo para preservar su memoria en el futuro¨ como lo expresa el Instituto Colombiano de Antropología e Historia- ICANH.

Por: Javier Andrés Escobar G.

La Partera

Por: Javier Andrés Escobar G.

El Águila

Por: Javier Andrés Escobar G.

Templo de la Maternidad

Por: Javier Andrés Escobar G.

Deidad Solar, siempre mirando al Oriente

Por: Javier Andrés Escobar G.

Arrayán

Más adelante en el recorrido por el parque se encontrarán con la Fuente de Lavapatas que fue probablemente el sitio de los rituales y que tiene algunas esculturas labradas en las piedras. También subirán hasta el alto del mismo nombre donde podrán ver más esculturas y un paisaje huilense bastante bonito. De bajada, si están cansados se pueden tomar un guarapo de caña o tomar un algo de achiras y café huilense. Si por el horario están allí para el almuerzo podrán comerse un rico pescado ahumado con patacones.

Por: Javier Andrés Escobar G.

Fuente de Lavapatas

Por: Javier Andrés Escobar G.

Achiras y café huilenses

Por: Javier Andrés Escobar G.

El almuerzo

La visita al parque se demora más o menos 3 horas, y si madrugaron, aún les quedará tiempo para el siguiente plan: el recorrido a caballo. En este paseo, que les permitirá respirar campo y deleitarse con los mejores paisajes del Huila, se visitan varios lugares donde hay esculturas. El Purutal, La Pelota, El Tablón y La Chaquira. Esta última es tal vez la más visitada, pues aparte de tener esculturas hay una vista ¡espectacular! Hacia el cañón del río Magdalena. La Mexi casi se queda sin oxígeno para llegar hasta allá, pues el camino es largo y las escaleras son infinitas ¡jajaja!

Por: Javier Andrés Escobar G.

Escaleras para llegar al mirador del Cañón del río Magdalena

Por: Javier Andrés Escobar G.

Escultura en La Chaquira

Por: Javier Andrés Escobar G.

El recorrido se hace !a caballo!

El segundo plan que hay para hacer es un recorrido en jeep. Este los llevará al estrecho del río Magdalena que es sitio obligado, pues el caudal del mismo se reduce a una anchura de ¡2,20 metros! Es un lugar maravilloso. De ahí seguirán su recorrido hasta el Alto de los Ídolos en Isnos. Si no tienen mucho tiempo, pueden simplemente tomar una moto que los lleve hasta el estrecho como hicimos nosotros.

Por: Javier Andrés Escobar G.

Moto-taxi para ir al estrecho del río Magdalena

Por: Javier Andrés Escobar G.

Muy explícito

Por: Javier Andrés Escobar G.

Estrecho del río Magdalena

Hay otros sitios como el Salto de Bordones, Alto de las Piedras y el Salto Mortiño que también se pueden visitar pero ya quedan un poco más alejados. Para el plan de San Agustín yo les recomendaría dos días para que puedan hacer todo con tranquilidad.

De vuelta al pueblo en la tarde nos sentamos a almorzar un delicioso asado huilense acompañado de la indestronable Kola Cóndor del Huila. Finalmente nos fuimos al camping, desarmamos nuestra carpa y salimos rumbo a nuestro segundo destino: el Desierto de la Tatacoa.

Por: Javier Andrés Escobar G.

Asado huilense ¡delicioso!

Desierto de la Tatacoa

Yo quería ver las estrellas y por eso cuando llegamos a Neiva al no haber, por la hora, buses hacia Villavieja que es el municipio más cercano al desierto tomamos un taxi que nos llevara hasta allá, pues el trayecto no dura más de una hora. Sin tener nada preparado llegamos a la zona de camping llamada ¨Posadero Noches de Saturno¨, ¡nombre como de motel! Pero que después resultó ser una de las mejores zonas de camping y hostal después de recorrer parte de esta árida zona.

Por: Javier Andrés Escobar G.

Posadero Noches de Saturno

Allí sacamos nuestra carpa y con la experticia que ya teníamos no nos tomó más de 10 minutos hacerla. Pero las estrellas nunca llegaron, lo que llegó fue el agua y con ella las nubes que me dejaron viendo no estrellas sino un chispero, osea nada.

Al día siguiente nos levantamos temprano, cruzamos la carretera caminando y ya estábamos en uno de los lugares más bonitos de todo el Desierto de la Tatacoa que es llamado El Cuzco o Los Colorados. En este sitio encontrarán formaciones en arcilla roja originadas por el efecto de la erosión, además de muchos cactus. Este es probablemente el lugar más fotogénico para registrar su paseo, así que tómense todas las fotos que quieran. Desde este lugar queda cerca el observatorio por si le quieren dar un vistazo aunque vale la pena es durante la noche.

Por: Javier Andrés Escobar G.

Vía al observatorio astronómico

Por: Javier Andrés Escobar G.

Observatorio Astronómico

Por: Javier Andrés Escobar G.

El Cuzco

Por: Javier Andrés Escobar G.

Más de El Cuzco

Como dato curioso la palabra Tatacoa, que en la jerga popular es usada para referirse a las mujeres bravas, significa Yaraca en lengua indígena que hace referencia a una serpiente brava y venenosa ya extinta, y tal vez, un pariente lejano de la actual cascabel.

El desierto es el sitio ideal para contemplar el cielo estrellado, pues sus coordenadas latitudinales y longitudinales lo ubican muy cerca de la Línea del Ecuador, lo que permite ver estrellas hacia el hemisferio norte y el hemisferio sur. Por otro lado, el desierto solo presenta un 4% de polución lumínica sobre el horizonte sur y un 2% hacia el hemisferio norte, lo que da la oscuridad necesaria para tener una observación casi perfecta. Es por esto que anualmente se celebra en verano (Julio-Agosto) el Festival de las Estrellas, al que me tocará volver ¡jajaja!

Después de terminar esta primera parte del recorrido, nos sentamos a refrescarnos con un guarapo de caña con mucho hielo. En este momento le preguntamos al dueño de la tienda que cómo nos podríamos ir hacia los dos lugares restantes para visitar y él nos ofreció muy amablemente su moto. La Mexi y yo sin pensarlo le dijimos que sí, aunque mis entrañas gritaran que ¡no! a esto que es uno de mis temores más grandes. Para mí no hay parapente o bungee jumping que valgan, una curva en una moto siempre los superará.

Una vez se empezó a mover la moto, empezamos a recibir polvo en nuestras caras y mi sombrero panameño que me protegía del sol casi se vuela. Geovanny, el dueño de la moto, un hombre moreno de mediana estatura y con algo de rasgos indígenas, nos empezó a contar la historia de su abuela, la señora Rosalina Martínez de Cleves, más conocida como la reina del desierto.

Por: Javier Andrés Escobar G.

La reina del desierto

En ese momento me acordé que en Las Noches de Saturno, yo había visto una gran foto de la misma señora y le empecé a hacer preguntas a nuestro conductor, quien vendría siendo uno de los príncipes del desierto por ser nieto de la matrona. La reina fue una de las primeras habitantes del desierto, y fue también pionera en recibir grupos de jóvenes visitantes a quienes dejaba acampar en el patio de su casa. Con el tiempo sus doce hijos fueron colonizando más y más territorio del desierto. Es más, ¡se casaron entre primos y todo! Al mejor estilo de las realezas. Es por esto que ustedes, cuando vayan al desierto, estarán pisando el principado de la Tatacoa.

Después de conversar todo el recorrido y de darnos cuenta de todos los vericuetos del desierto, llegamos a Ventanas otro de los lugares de observación del desierto. Aquí, supuestamente hay dos formaciones que parecen un cocodrilo y una tortuga ¡yo no ví nada! Por último, llegamos a Los Hoyos que es un paisaje completamente gris, como lunar, bastante bonito. También allí hay una piscina de hechura artificial pero de agua natural en la que podrán refrescarse, si es que caben dentro de la multitud, nosotros preferimos aguantarnos el calor…

Por: Javier Andrés Escobar G.

Ventanas

Por: Javier Andrés Escobar G.

Los Hoyos

Por: Javier Andrés Escobar G.

Piscina en Los Hoyos, seguramente muy refrescante

Geovanny nos llevó de vuelta a la posada y así fue como nos dimos cuenta que el sitio es de otro de los nietos de la soberana, Moisés, un hombre alto, gordo, bigotudo, amable y de pronunciado acento huilense.

Después de hacer el recorrido, nos fuimos para nuestra mansión, que aquí también se destacó por su humildad, a descansar un rato antes de partir de vuelta a la fría capital. Para el plan del desierto una noche y un día son suficientes y si no les gusta ni el camping ni nada del plan warrior, pueden ir por un par de horas gracias a su cercanía a Neiva, donde tendrán todas las comodidades posibles.

Por: Javier Andrés Escobar G.

Nuestra mansión en todo su esplendor

Por: Javier Andrés Escobar G.

Hermoso cactus en el posadero

En todo caso, espero que con esta entrada se animen a recorrer el país, así como lo hemos hecho nosotros. No importa si son viejos, pues como le dijo una amiga a la Mexi ¨viejo el mar y todavía se mueve¨, y si son jóvenes no hay excusa para no salir a conocer el increíble país que tenemos lleno de maravillas, así como las que nos mostró el Huila en esta ocasión.

 

 

 

4 pensamientos en “Detrás de cámaras de una aventura warrior

  1. Javi : que bello recorrido por esa interesante zona del Huila¡
    hace muuuuchos añs fuí con papá y mamá a San Agustín y esta lectura me llenó de “Saudade”
    abrazos.

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