Tailandia: la extravagancia perfecta

¡Tailandia!

La moneda que Giorgio le tiró al piso con rabia al dueño de Rose’s Guest House cayó en cámara lenta. Parecía una escena de Matrix ¡Yo les había advertido, en Tailandia es un insulto tirar o pisar las monedas porque en ellas está la cara del rey! Pero, como a veces hablo más de lo recomendado, nadie me puso cuidado y fue así como terminamos huyendo del restaurante una mona de ojos azules, una morena de abundante cabellera, su hermano el acusado y yo, que no salía de mi asombro. Primero, porque acababa de encontrarme con ellos y no sabía qué había pasado y segundo, porque corroboraba lo que había leído un día antes en Lonely Planet: en Tailandia aman a su rey y lo respetan ¡Eso sí que lo aprendí!

Después de pasar el susto ante la posibilidad de que nos llevara la policía (como gritaba el hombre gordo del restaurante police! police!) les pregunté qué había pasado. La verdad, no fue más que un malentendido y un caso de intolerancia. María Camilla había corrido un ventilador para refrescar su pelo

Rey de Tailandia

largo en el incesante calor nocturno de la ciudad de Chiang Mai, causando un gran disgusto en el dueño del restaurante, quien no dudó en empezar a gritarle. Giorgio, en su rabia por haber sido víctima de aquellos improperios, buscaba impaciente unos cuantos bahts (moneda tailandesa) para completar la cuenta y lo único que encontró fue la moneda, sí, la misma moneda que nos puso a correr ¡Jajaja!

A Tailandia habíamos llegado dos días antes, después de 7 horas en bus pasando la frontera con Camboya. La demora se justificaba sobre todo por las paradas y el tiempo que se toman las requisas en la emigración e inmigración entre estos dos países de odios sostenidos por cientos de años. A nosotros nos fue muy bien. Pasamos sin contratiempo alguno, pues teníamos nuestras visas en regla y nuestra vacuna contra la fiebre amarilla al día. El recorrido que hicimos fue de la ciudad de Siem Riep en Camboya, donde quedan los templos budistas de Angkor Wat, hasta Bangkok.

Bangkok es el nombre por el que se conoce internacionalmente a la capital tailandesa, pero en tailandés es Krung Thep que significa “ciudad de los ángeles”. La capital de este tigre asiático es toda una metrópoli con grandes edificios y un metro aéreo que recorre gran parte de la ciudad. Algunos la llaman ‘la Venecia de Asia’ por estar dividida en su interior por el río Chao Praya.

La verdad, antes de ir, tenía una idea totalmente diferente de lo que era Bangkok. Tal vez tenía en mi mente una imagen de sólo selva como la que muchos tienen de nuestro país. Para mí Tailandia siempre significó templos y elefantes, nada más, pero en realidad resultó ser mucho más que eso.

Bangkok es la ciudad de los contrastes; como puede ser un sueño puede llegar a ser una pesadilla.

Vamos a empezar por la pesadilla. El transporte principal para los turistas son unas tricimotos que se llaman tuk-tuk, nunca se me podrá olvidar, y tampoco a ustedes si van. En todas las calles se van a encontrar con personas que manejan una y que los perseguirán hasta que accedan a montarse en ella ¡Tuk tuk! ¡Tuk tuk! ¡Tuk tuk! ¡Esto llega a ser desesperante!

Tailandés ofreciendo Tuk Tuk

Tuk Tuks

Antes de montarse en una de ellas tengan mucho cuidado, ellos les dirán que los van a llevar a los templos y sitios más turísticos de la ciudad, pero antes de esto le darán una vuelta por varios centros comerciales de joyas y otros productos, pues ¡Ellos tienen contrato con estos sitios para que hagan eso! Normalmente, los comerciantes les dan el dinero para pagar el combustible de sus vehículos. Es por esto que a veces si a los turistas no les gusta y discuten, como nos sucedió a nosotros, es muy normal que los dejen tirados en el camino. Tampoco se extrañen si salen del centro comercial y el conductor de su tuk-tuk ha desaparecido, él ya logró su cometido, lo llevó a donde a él le interesaba.

Pero bueno, esto es algo que no pasa de ser una anécdota al final del día y no hay la más mínima posibilidad de que dañe su viaje. En Bangkok hay muchos sitios para visitar empezando, por supuesto, con los templos. La verdad con dos o tres basta. Todos tienen el Buda sentado cruzando las piernas en posición de loto, y ¡hay budas para todo! A lo que Giorgio le inventó el cuento de que había budas tomando el té, tomando el sol, nadando en la piscina, trotando y hasta durmiendo.

Templo Budista

La mayoría de los templos son muy coloridos y tienen la arquitectura característica tailandesa con sus techos terminados en punta. Sus interiores cuentan con muchos detalles, hermosas pinturas donde relatan historias de la vida de Buda u otras que están relacionadas con su civilización ¡Son  hermosísimos y de una riqueza inigualable! Además, los detalles de las puertas y algunas paredes revestidas de pequeños trozos de vidrio en forma de rombos ¡son increíbles!

Templo Tailandés

Si no tienen mucho tiempo para visitarlos todos, el primero de ellos que yo recomendaría sin duda sería el Wat Indrawihan. Wat significa templo. Este templo tiene un Buda que está parado y tiene ¡32 metros de altura!  Su imponente figura dorada deja sin aliento a quien lo visita.  Otro de los templos más famosos es el Wat Saket o Golden Mount, este templo es uno de los más visitados. La estructura está ubicada en una pequeña montaña y cuenta con una cúpula dorada. En la subida al templo hay muchas campanas que lo hacen muy especial y adentro hay un Buda revestido de diamantes. También es extraordinario escuchar a los monjes haciendo sus cánticos y oraciones matutinos.

Wat Indrawihan

Monjes cantando

Otro templo que no se pueden perder en Bangkok es el Wat Arun, ¡Es hecho en porcelana! Ah, y no se pueden olvidar de ir al Gran Palacio, que sirvió de residencia al rey hasta mediados del Siglo XX. Quedarán sin palabras ante esta maravilla de techos dorados en varios planos y con torres que alcanzan a rozar las nubes. Sin duda representan en su totalidad la perfecta extravagancia tailandesa. Cuando vayan al palacio es mejor que se vayan bien vestidos, dígale ¡No! a las bermudas o shorts porque si no le tocará alquilar ropa para entrar ¡ese es el negocio socio!

Wat Arun

Cuando lleguen a estos templos no se vayan a dejar convencer de los vendedores de pájaros de las entradas, ellos le venden las aves a los turistas para que las liberen y así rendirle tributo a Buda y ¡zas! cayó uno en la trampa, muchas de esas personas tienen los pájaros entrenados para que regresen y volver a hacer el ‘ritual’ con otros turistas. Igual a esto, los tailandeses para lograr que los turistas entren a sus negocios inventan que es el día de Buda y que por eso usted está de buenas y todo está rebajado al 50 por ciento, así que tampoco crean eso ¡Saquen su malicia indígena!

Pájaros para liberar

En Bangkok no se deben preocupar por el lugar donde se van a quedar. Hay lugares para todos los presupuestos. Desde las grandes cadenas hoteleras hasta hostales muy baratos cerca a la calle más turística y llena de vida de Tailandia que se llama Khao San. En esta calle se podrán encontrar con gente de todo el mundo y con las cosas más extrañas que se puedan imaginar, también encontrarán ventas de ropa muy barata, joyas a buenos precios y comida.

Voy a ser enfático en ese último punto, no es sólo comida, es LA comida. En las calles de Khao San venden el pad thai y los spring rolls como en las calles de acá venden perros calientes. Si comen en uno de estos lugares van a la fija, venden comida muy buena y probablemente en la mayoría de restaurantes de comida local, por supuesto, encontrarán comida deliciosa. También se pueden encontrar platos exóticos, como los insectos en los que siempre pensamos cuando hablan de Asia. Lo que más venden son grillos y escorpiones. La verdad todo sabe a los mismo, a frito. Y si fueron capaces de probarlos, los pueden acompañar con una buena limonada de coco, en las que, por cierto, yo me gasté la mitad de mi presupuesto.

Pad Thai, plato típico tailandés

Grillos y alacranes

Para los que no sean capaces de probar nada exótico ni ningún tipo de comida extranjera, en esta misma calle encontrarán la comida de los aburridos: McDonald’s, BK, Starbucks ¡Etc, etc!

Chiang Mai

Para llegar a Chiang Mai tomamos un bus hacia el norte de Tailandia, a donde supuestamente llegaríamos en 12 horas, cosa que no fue cierta, porque el bus se varó. Nosotros, para no perder tiempo, empezamos a pedirle a algunos camioneros que nos llevaran, ellos sin hablar español ni inglés, tan solo nos entendían al ver el mapa. Al fin uno de ellos nos llevó en la parte de atrás del camión que iba sin carga y nos dejó en la ciudad de Lamphun.

Camión que nos llevó a Lamphun

En Lamphun nos fuimos a la estación de buses y cogimos uno de esos hechos de metal como de los años 50 que en el interior tienen para refrescar el ambiente ventiladores colgados del techo. De allí, el camino a Chiang Mai no fue tan largo. Cuando llegamos a la ciudad yo estaba ansioso por ver ¡Elefantes! Mi animal favorito. Pero me tocaría esperar hasta el siguiente día. Esa tarde estuvimos dando vueltas por la ciudad amurallada, recorriendo los templos y el bazar callejero donde venden todo tipo de artesanías y comida.

Bus que nos llevó de Lamphun a Chiang Mai

Ventiladores del bus

Conseguir alojamiento en Chiang Mai es fácil y en casi todos los hoteles y hostales ofrecen los planes que hay para hacer en la ciudad. Claramente el más importante de ellos es el de los elefantes. Hay para todo tipo de gustos, el plan de ir ver los elefantes bebés, el plan de ir a ver a los elefantes que pintan, el plan de ir a ver a los elefantes que tocan instrumentos, y muchos otros planes relacionados con estos magníficos animales. Aunque hoy en día esto está empezando a ser un poco controversial debido a la manera como ‘doman’ a estos animales para ello. Por lo tanto, ya es decisión de cada uno si lo hace o no, nosotros ya entrados en gastos lo hicimos.

Muy temprano al día siguiente salimos con nuestro guía en un jeep desgualdramillado, de esos que hasta la pintura les suena, hacia una región selvática en el norte de Tailandia.  El momento en que uno empieza a ver los elefantes pastando libremente se produce una sensación que llena de emoción, y al llegar al refugio da aún más satisfacción, pues los paquidermos se encuentran muy bien tenidos (por lo que pudimos ver). Estos animales han sido domesticados por las personas de estas zonas desde hace mucho tiempo, y son animales bastante dóciles con sus ‘entrenadores’ o cornacas, quienes se sientan en sus cuellos y los manejan ¡con los pies! detrás de las orejas. Parece fácil pero no lo es.

Pradera con elefantes

Cuando se llega al refugio venden bananos para alimentar a los elefantes y ellos ya están acostumbrados a que los turistas los consientan de esta manera. Yo compré más o menos unas tres docenas de bananos. Cuando nos montamos en el elefante nos dividimos en parejas. Primero, nos trepamos a unas plataformas en los árboles y de ahí a la silla en el lomo del elefante. En mi elefante íbamos María Camilla y yo, y nos tocó ¡un elefante rebelde!

Refugio de elefantes

Refugio de elefantes

Plataforma para montarse al elefante

Cada que el entrenador le daba una orden, el elefante se salía del camino y comenzaba a pastar y qué más se puede hacer con un animal de estas dimensiones, estar a su merced y esperar a que se mueva por su propia cuenta. La piel del elefante es bastante áspera y gruesa, eso lo siente uno al sentarse en el cuello, lo que me costó mucho mientras estaba en movimiento. Aparte de esto, cuando se nos acabaron los bananos nos buscaba en el asiento con su trompa para que le diéramos más y como no encontraba nos estornudaba. Este paseo por la selva tailandesa a lomo de elefante, ha sido uno de los momentos más emocionantes de mi existencia. Aunque después de conocer algunos videos de cómo los entrenan uno se siente algo culpable por haber apoyado esto, pero bueno lo que se puede hacer es averigüar muy a fondo cuál ha sido la historia de cada refugio y así decidir si lo hacen o no, pues con seguridad no todo es crueldad.

Elefante rebelde

Tailandia Mágica

Cuando nos bajamos de los elefantes seguimos con nuestro paseo ecológico e hicimos senderismo hasta llegar a una cascada. De allí nos montamos en el bote inflable para hacer algo de rafting y después en una esterilla de bamboo, para practicar bamboo rafting rodeados de elefantes. Mientras estábamos en el río, un grupo de ingleses nos retaron a una carrera, la que terminamos ganando.

Rafting

Al final, ese día fuimos hasta el asentamiento de una tribu de ‘cuellos largos’ donde las mujeres desde los 8 o 9 años comienzan a ponerse aros en sus cuellos, pues la creencia de la tribu es que si hacen esto ellas tendrán el cuello parecido al de los dragones, lo que es ideal.

Tribu de cuellos largos

Niña con aros en el cuello

Esa misma tarde nos fuimos a dar de nuevo un paseo por la ciudad, y fue esa noche cuando salimos despavoridos del restaurante después del suceso de la moneda.

Templo en Chiang Mai

Al día siguiente, hicimos varios planes extremos. En la mañana nos fuimos a hacer bungee jumping desde una plataforma de 50 metros y después nos fuimos a un lugar que se llama Tiger Kingdom, un criadero de tigres donde lo dejan a uno entrar a la jaula de los tigres y estar un rato con ellos.

Bungee de 50 metros

En Chiang Mai vale la pena quedarse más o menos 3 días para hacer todos estos planes con tranquilidad y poder disfrutar de todo lo que allí se ofrece.

Mercado flotante y las islas

Desde Chiang Mai empezamos a bajar de nuevo hacia el sur del país. Nuestro destino era la isla de Ko Phangan donde hacen la tan famosa Full Moon Party. Pero antes, paramos en el mercado flotante de Damnoen Saduk. A lo largo y ancho del país existen varios mercados de este tipo que se forman al costado de un canal lleno de agua bordeado de construcciones palafíticas. Allí la gente de la región lleva sus variados productos para ofrecerlos. No es raro encontrarse con canoas repletas de frutas, otras que llevan una ‘cocina flotante’ donde preparan diferentes manjares u otra con un asador de pinchos de carne, en fin, es todo un espectáculo de sonidos, colores, olores y sabores. Todo este recorrido se hace más o menos en 2 horas que se pasan a millón.

Mercado Flotante

Mercado flotante de Damnoen

Ko Phangan está ubicada en el Golfo de Tailandia. Para llegar allá se debe ir hasta la ciudad de Surat Thani, donde se toma el ferry que transporta a los pasajeros hasta la isla. En esta isla nos quedamos en un hotel muy lejos de la ciudad. Era tan alejado que en el mismo lugar alquilaban unas motos para poder recorrer sus meándricas carreteras. Yo nunca he manejado moto y confié en que María Camilla sí lo sabía hacer, pero cuando nos montamos la moto no alcanzó a recorrer ni 5 metros. Terminamos los dos en el pedregoso suelo y la moto encima, y un tailandés diciéndonos que nos iban a cobrar esta vida y la otra por los daños que le habíamos hecho. Yo me rehusé a seguir con María Camilla, preferí irme caminando para poder ver los paisajes con tranquilidad.

Paisaje de Koh Phangan

María Camilla….. y su moto

Del otro lado del país, en el Océano Índico está la isla de Phi Phi que fue casi borrada del mapa por el tsunami que hubo en 2006. Es por eso que la isla está llena de avisos que le indican a uno hacia dónde correr en caso de una tragedia. Desde lo alto de la isla, a donde llevan los avisos, la vista es simplemente despampanante. Se alcanza a ver el estrecho de la misma donde se encuentran las dos playas con unos tonos de azules espectaculares. Es de las imágenes más cercanas al paraíso que se puedan imaginar.

Islas Phi Phi

Paisaje de Phi Phi

Uno de los recorridos que se debe hacer desde Phi Phi es a Maya Bay, que es considerada una de las playas más bonitas del mundo y en realidad no se equivocan, es todo un remanso, aunque para mí el viaje de ida fue una tortura. El yate que lo lleva a uno hasta la famosa playa pasa por unas aguas repletas de medusas, y de un momento a otro la embarcación se detiene para que los que quieran lleguen allá nadando. María Camilla, Ana María y Giorgio se pusieron sus caretas y esnórqueles y clavaron como sirenas y tritón al mar. Yo, un poco más temeroso, me tomé mi tiempo. Escupí mi careta para evitar que se me empañara el vidrio, acomodé mi esnórquel y me paré en el borde del yate, tomé impulso y me lancé. Inexplicablemente cuando caí al agua mi esnórquel desapareció. En mi afán de encontrarlo, para que no me cobraran la astronómica multa por perderlo, las olas me fueron envolviendo y me estaba ahogando. Las personas del barco fueron a rescatarme en un Kayak, del que claramente me pegué como una garrapata hasta llegar a la orilla.

Maya Bay donde filmaron la película La playa

Maya Bay

Después de disfrutar de varios atardeceres en este edén continuamos nuestro camino hacia Hat Yai, una ciudad fronteriza con Malasia, que sería la siguiente parada de nuestro viaje.

En fin, aunque Tailandia puede llegar a causar sentimientos de amor y de odio, es un país completamente recomendado. Sus características buenas como los paisajes, las aventuras y la comida opacan las malas e incomodas que llegan a suceder en el camino. Eso sí, si se pasan por allá ¡mucho ojo con su bolsillo! siempre estarán tratando de saquearlo ¿Se les hace parecido?

Tiger Kingdom

Elefante

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